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martes, 18 de febrero de 2020 0 comentarios


 APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA POLITICA    CAUCANA

                             Por: José Ramón Burgos Mosquera



 Hace un cuarto de siglo, cuando aún la política en el departamento del Cauca ofrecía escenarios para la discusión inteligente pese a que ya se veía venir el negocio de la compraventa de votos, tuvimos la oportunidad de participar en una cálida entrevista con Sabas Casarán Hernández y la connotada periodista Adriana Santacruz. Los conceptos allí expuestos muestran la visión que teníamos entonces del acontecer regional, departamental y nacional. Sabas, quien para la época ya andaba en sus noventa y dos años, se muestra en toda su madurez y deja en sus palabras una clara visión profética de lo que estamos padeciendo con la clase política caucana, cuya perversidad y palidez, han conducido al departamento al estado de desintegración en que se encuentra. 
Los invito a escuchar el video anexo, cuya segunda parte desafortunadamente presenta daños en el audio, y además a leer algunos documentos que aparecen en el blog relacionados con todo lo anteriormente expuesto.  Se puede "cliquear" en la siguiente URL y ver el video o simplemente ingresar a YOUTUBE y solicitarlo así: Entrevista Sabas Casarán (QEPD) y José Ramón Burgos

 https://www.youtube.com/watch?v=VcyjR0UB-hc&t=42s


viernes, 4 de agosto de 2017 1 comentarios

SUÁREZ: EL REGRESO DE LA RAZA NEGRA


       Por: José Ramón Burgos Mosquera

La tarde de éste jueves 3 de agosto de 2017 los rayos de un sol abrasador parecían columnas de yodo hirviendo. Pero a nadie le importaba. Habían llegado de Buenos Aires, Morales, del Tambo y hasta de Bolívar Cauca centenares de curtidos mineros y barequeras artesanales a hacerse escuchar del Ministro del Medio Ambiente Luis Alberto Murillo y del senador Luis Fernando Velasco. En el coliseo cubierto del municipio hablaron los alcaldes  Hernando Ramírez, Urdely Carabalí y Silvio Villegas y aproximadamente treinta representantes de las cooperativas de pequeños mineros de esta región del Cauca, solicitando con fundados argumentos justicia y reconocimiento de la cultura minera ancestral.

“Somos mineros desde 1.636 cuando fuimos traídos desde África a éstas tierras. Somos hombres libres que fuimos esclavizados hasta 1.853 cuando se nos reconoció nuestra condición de seres humanos libres y por eso no admitimos el intento de desconocer nuestra cultura minera ancestral, y nuestro territorio ofrecido a multinacionales que pretenden saquear nuestras tierras. Las licencias que se otorgaron en tiempos del presidente Álvaro Uribe, se llevaron a cabo desconociendo nuestros concejos comunitarios, nuestra organización social. Fueron licencias otorgadas sin consultas previas a la comunidad tal y como lo establece la constitución colombiana, por lo cual las rechazamos y no permitiremos que se posesione de nuestro territorio bajo ninguna consideración”, expresó uno de los expositores, de manera elocuente y clara.




Hombres y mujeres que parecían brotar de los socavones, manifestaron su disposición de participar en el proceso de abolir el uso del mercurio que vienen utilizando desde hace 15 años para la extracción del oro, acorde con el Convenio de Minamata, por el cual Colombia se comprometió a la prohibición del uso de éste pesado mineral a partir de julio de 2018. Pero exigieron que el gobierno capacite a los trabajadores y pequeños mineros y sobre todo, posibilite la llegada de tecnologías nuevas y asequibles a los pequeños productores artesanales.

Igualmente participaron líderes indígenas Nasas del resguardo Cerro Tijeras, que practican la minería en el cerro que habitan desde épocas precolombinas, quienes se sumaron a las consignas de exigir respeto a sus territorios amenazados por las multinacionales y anunciar que pese a las amenazas, estarán listos para luchar por sus derechos violentados por las multinacionales que pretenden ocupar las laderas que habitan sus familias desde siempre.

Todos los manifestantes reclamaron por la persecución de que son víctimas al no comprar el Banco de la República el oro que producen, obligándolos a vender a menor valor a tres intermediarios que se lucran de su trabajo, en una sospechosa connivencia que pareciera haber escalado altos niveles del gobierno. “La comercialización del oro no puede ser un privilegio para los grandes mineros y para las multinacionales!” era la consigna más escuchada en cada intervención. Igual denunciaron, las grandes contradicciones que  encuentran en las fuerzas militares, al crear múltiples dificultades para la adquisición de la dinamita que requieren para sus faenas. Lo cual, no acontece con los grandes mineros de la región. Por qué somos perseguidos como delincuentes?

Esta visita a Suárez me ha llenado de esperanza, porque pude verificar el alto grado de conciencia política y madurez intelectual de la dirigencia negra. Al fin aparece la identidad cultural del negro en todo su esplendor, por lo que debemos ser optimistas sobre el futuro de nuestros hermanos en esa hermosa región norte caucana.

Por su parte el ministro negro, de forma sencilla y sabia, expuso la posición del gobierno, sus recomendaciones para avanzar en esta justificación de los derechos de los pequeños mineros y coordinó con el Senador las gestiones que se propondrán ante el Congreso de la República y ante los Ministerios de Gobierno, Minas y Energía. Su cráneo dolicocéfalo de Yoruba Ghanés brillaba ante el sol inclemente que traspasaba el ambiente, pero un aire de satisfacción inundaba su rostro de negro culto, orgulloso y comprometido con sus ancestros.                


martes, 27 de diciembre de 2011 0 comentarios

EL CAUCA: REINTEGRACION O DISOLUCION




(Publicado en Diario OCCIDENTE Domingo 5 de junio de 1994, coincidencialmente con las notiicias sobrevinientes del desastre de Paez)


¿Cuándo comenzó a desaparecer la "grandeza" del Cauca? ¿Cómo se gestó el proceso de su desmembramiento, la pérdida de su liderazgo nacional, el desconocimiento de sus caudillos, la fractura de su unidad interna, su debilitamiento económico y la progresiva agudización de sus conflictos?


Hoy, la otrora poderosa y escuchada provincia, aparece ante los ojos del país como una zona de guerra popular prolongada, ocupando el penúltimo lugar en la escala del desarrollo nacional y del bienestar de sus ciudadanos. Valle del Cauca, Nariño y hasta el Caquetá antiguos apéndices del Gran Cauca, han avanzado hasta alcanzar economías más solventes y perspectivas de desarrollo agroindustrial que supera con creces los logros del "departamento madre".


DESDE LA CONQUISTA


Todo comienza con el hierro y la heráldica española penetrando como una saeta que reptó por los valles de Atriz, Pubenza y valle del Cauca sembrando de sur a norte pueblos castellanos como Pasto, Popayán, Caloto, Cali, Cartago y Anserma. En el mismo sentido se inició el desarrollo de la economía minera y agrícola coloniales, el sometimiento de la población aborigen y la utilización de los esclavos importados.


En poco tiempo Popayán, Santa Fé y Cartagena de Indias competían ante los reyes de España por las riquezas aportadas a la corona y por los títulos nobiliarios conque cargaban los funcionarios reales que enviaba la península. Acá en las colonias sin embargo, quinientos años después vemos como el proceso de sometimiento y asimilación de las etnias se quedó a medio camino: guambianos y paeces lograron sobrellevar el peso de la transculturación y mantener latente la recuperación de su lugar en ésta tierra y así, firme y pausadamente, descienden desde sus rescoldos en la cordillera central hasta los ejidos de los valles para clavar los pendones de sus posesiones. Son talvés los únicos con un claro proyecto de vida, en el cual lo cuestionable, es su limitada inclusión de otros actores sociales tan importantes como los afrodescendientes y el proletariado campesino esparcido en el departamento.


¿Cuántos muertos ha provocado este conflicto fundamental irresoluto del Cauca? Esta problemática magnificada por el tiempo se ha extendido al valle del Patía, la costa del Pacífico y el Norte del Cauca. Los problemas de tierras se manifiestan con invasiones, recuperaciones, marchas, bloqueos, "tomas" de la capital o de las alcaldías municipales y la sombra permanente y agresiva de una actividad guerrillera incesante y coactiva por más de cuatro décadas ya. La guerra por la posesión de la tierra ha llegado aniveles insospechados de cruda violencia de rte y parte. Nadie está dispuesto a fijarle términos al conflicto que se vive; por el contrario, el combustible que riegan los narcocultivos alimentan el fuego de rebelión que se esconde en los recovecos de nuetras montañas, abandonadas secularmente de la mano del Estado como obedeciendo a una premeditada política de retaliación que "hace ya una década, cumplió cien años"! ¿Cómo entender que medio milenio después de la conquista, no cesen las guerras de los paeces y negros por tener su propio territorio?


LAS ELITES Y LA HISTORIA


El Cauca es un concierto dramático y sublime donde se confunde lo grandioso y lo trágico. Historia de abolengos, heroísmo, inteligencias y fracasos, de sueños mesiánicos y realidades dolorosas, de linajes insondables y desigualdades sin nombre. Pero esas mismas élites han sido su sino aciago: nacieron como producto inevitable del expolio inmisericorde las "encomiendas de indios", tierras y esclavos; fulguraron cuando la sangre criolla de sus hijos sustentó el movimiento emancipador que construyó la república con Caldas, Torres, Ulloa, Castrillón, Arboleda, Mosquera, Obando y López; alimentaron, con la arrogancia de sus caudillos de mitad del siglo pasado (sigloXIX) sus guerras y el desconocimiento del poder central, la reacción y las fuerzas "regeneradoras" de Nuñez y Caro cuya victora al final de la guerra de 1885 la cobraron con una constitución centralista que postró las provincias, generó desequilibrios, instauró favoritismos y relegó las demandas de las regiones al basurero de la palabrería oficial, o a las migajas del presupuesto para el mantenimiento de las cosechas electorales.


A la élites del Cauca se les castigó por sus "pecados" del pasado mediante un proceso premeditado de abandono. Por eso el gobierno nacional tiene la obligación moral de acelerar la reintegración de un departamento que despedazó desde finales del siglo hasta los inicios del siglo XX como castigo a la soberbia de sus caudillos, sin importar el destino trágico de un millón de ciudadanos condenados a a su propia suerte. Veámoslo así: al Cauca le cercenaron sus riberas sobre el rio Amazonas, sus tierras limítrofes con el Ecuador incluyendo sus puertos sobre el oceano Pacífico (Tumaco y Buenaventura) cortándole sus salidas a ambos oceanos, la riqueza minera del Chocó y el Valle del Cauca.. paralizaron los ferrocarriles que había diseñado, financiado, empezado a construir...


¿Qué hicieron los herederos de estas élites? A duras penas proteger sus dilatados privilegios y haciendas, sus pequeñas industrias y bancos. Incapaces de defender el patrimonio de una generación se aferraron a los adobes de la capital y se aislaron cada vez más del concierto nacional proscribiendo a su vez cualquier oportunidad para las regiones del departamento y así, el problema sociológico del Cauca agrupa un cúmulo de situaciones centenarias que ahora se manifiestan con la incandescencia de los volcanes en erupción. Nunca fue mejor descrita esta contradictoria coyuntura por un Popayanejo raizal como Victor Paz Otero, en algunas de sus obras, como lo refiere en "El Edipo de sangre" o la vida estrafalaria de "El demente exquisito", donde se sojuzga así mismo y a toda su clase y generación del pasado siglo.


COMO DESINTEGRAR UN DEPARTAMENTO


Rafael Nuñez primero y el general Rafael Reyes después, destrozaron el Cauca a su antojo. El primero, por la fuerza de las armas, ya había anunciado sus propósitos al culminar la guerra de 1885., desde los balcones del palacio de San Carlos: "La constitución de 1863 ha dejado de existir!", con lo cual se le notificaba a los seguidores del General Tomas Cipriano de Mosquera lo que serían sus convicciones recónditas en 1886 y el segundo, por materializar la desmembración del Cauca.


Desde entonces se decretó una lenta agonía económica manipulada habilmente desde la capital, a la cual se sumó un metódico y persistente rechazo de todas las propuestas que hubieran posibilitado la redención y supervivencia de "lo que quedó del Cauca Grande": fue sistematicamente negada la terminación del del Ferrocarril del Pacífico hasta Pasto y Tumaco; la apertura de su propia ruta hasta el oceano Pacífico ha sido mirada con menosprecio y a ello han contribuido idiotas útiles que prefieren la explotación narcoparamilitarista a la ampliación de una nueva frontera agrícola, minera, pesquera, turística, medioambiental y comercial de dimensones incalculables; la rectificación y pavimentación de su vía al Huila y Caquetá entre Totoró y La Plata, así como la "eterna" carretera que atraviese el páramo de Santo Domingo entre Huila y Valle, desembotellando toda la cordillera central y aislados municipios nortecaucanos como Toribío y Paez han sido obras decenas de veces prometidas, rediseñadas, contratadas y jamás terminadas; lo mismo ha sucedido con el rediseño de la Panamericana desde Timbío al valle del Patía, lo cual contribuiría notablemente en la recuperación comercial con el sur del continente.


En fin, nada. Nada grande le entregó Colombia al Cauca durante un siglo de expiación por el delito de confundir el idealísmo con la grandeza. Y su élite económica y su dirigencia política no entiende que estamos cruzando el meridiano de las grandes decisiones para devolverle al Cauca su sitial en la historia de este país o terminar con el proceso vergonzoso de su paulatina disolución como ente autónomo, proyectada desde la antesala de su reciente historia.


UNA SALIDA DEL LABERINTO


El desvertebramiento geográfico del departamento se ha acompañado de una verdadera desintegración política que ha deslegitimado a sus principales dirigentes. Ese divorcio ha alcanzado niveles inverosímiles como puede deducirse de los resultados de cada nueva elección y que reflejan una casi total desautorización de la representación popular. ¿Y a qué se debe esa actitud de las masas irredentas del departamento? A que nadie se identifica con un gestor público anónimo. A estos parlamenarios les interesa más la torta burocrática que la social, porque la primera les permite reelegirse hasta más allá de la jubilación y la segunda demanda un compromiso de tan altas dimensiones que obligaría a trabajar todos unidos y ese criterio en un departamento que padece de celos, envidias, canibalismo regional y rencores heredados lo hacen imposible de realizar.


Los gobiernos del Cauca se han caracterizado por una mediocre gestión pública, clientelista, electorera, marrullera y sinuosa, cada vez más lejana de la expectativa populares, ya que el Cauca ha sido incapaz de construir un gran proyecto político integrador para su sociedad tan fracturada y así, todos los proyectos se convierten en iniciativas cortoplacistas, es decir, cada nuevo gobernador contribuye a construir un permanente colchón de retazos e improvisaciones coyunturales. Pese a contar con cerca de veinte universidades, no se ha adoptado un verdadero Sistema de Gestión de Calidad que mida, verifique y certifique el mejoramiento y el impacto en la comunidad. La escasísima participación comunitaria tiene atomizado al departamento: en el sur, el norte y la costa a nadie le importa ni conoce lo que acontece en la capital, el oriente y el sur est{an más obligados geograficamente a esa dependencia...pero, ¿le conviene eso al Cauca?


El Plan de modernización y reforma administrativa del Cauca adoptado en la última década sirvió para mejorar la situación fiscal pero no optimizó las calidades gerenciales de su risueña burocracia. Cosas de la pequeña política que manipula al departamento. Apenas ahora se empieza a discutir con seriedad el injusto desequilibrio regional que mantiene a departamento contra la pared, porque todas sus regiones empezaron a exigir un standar mínimo de desarrollo. Popayán ya ha probado a que saben las movilizaciones permanentes de sus fuerzas sociales, pues a traves de ellas ha podido entender que la calidad de vida de los caucanos de la provincia es pésima, la vivienda inhumana, los servicios de acueducto y alcantarillado siguen siendo insuficientes y de mediocre calidad; los indicadores de nutrición, salubridad, mortalidad infantil, materna y perinatal no son los mejores; la deserción escolar por hambre es elevada sobre todo en las comunidades indígenas y negras, donde las escuelas y colegios siguen siendo descuidados, manejados con una pobreza rayana en la mendicidad. La salud del departamento está enferma: los hospitales locales parecen hospitales de guerra, donde todo hace falta. ¿Exageraciones? Hagamos un balance juicioso frente a otros departamentos y terminamos escandalizados ante el desequilibrio.


Todo ello obliga a una titánica tarea de modernizar la administración del Cauca, desclientelizar su burocracia, sistematizar sus mecanismos de informacióny optimizar sus procesos de toma de decisiones. ¿Hasta cuándo el departamento marchará en contravía del desarrollo industrial? ¿Cuándo van a adoptarse reglas claras que impulsen y protejan la empresa privada, ya que ésta se ha sentido más coaccionada que apoyada en sus propósitos de de crecer y aliviar la sobrecarga social y el terrible desempleo que nos agobia? El departamento debe liderar ya la participación de la inversión privada en obra pública por concesión, porque pasaran más de cien años antes de que el Estado asuma su ejecución. Además debemos reconstituir y potencializar el Instituto Financiero del Cauca para asesorar, cofinanciar y desarrollar los proyectos de las provincias y municipios y no solo permanecer a la expectativa de los errores que cometan los mandatarios municipales para estigmatizarlos.


Popayán parece un hermoso barco de turismo encallado en medio de una tormenta y su gobierno está tan distanciado de la masa rural que las ligaduras que los atan no logran distinguirse bien en algunas regiones hoy, tras el fracaso del PLAIDECOP que administrara la tantas veces cuestionada CVC, al punto que los tres municipios de la Costa Pacífica Caucana, no esperan sino la mínima oportunidad para conformar con el sur del Chocó y Buenaventura el Departamento del Pacífico. Por otra parte, la dramática realidad del sur del departamento donde convive la milenaria pobreza de las tierras de minifundio, tierras de erosión de la cordillera, con los feraces y dilatados latifundios del Patía y los inmensos territorios subexplotados de la Bota Caucana, han desatado un progresivo proceso de enfrentamientos e invasiones, caldo de cultivo ideal para la subversión, que solo presagian una década de mayor violenciaen una zona donde campea la desnutrición y la pobreza acumulada de cinco siglos.


COMO REUBICARNOS EN NUESTRO ESPACIO VITAL


El Cauca necesita repensarse: rediseñar sus posibilidades locales y regionales desde una perspectiva nacional. Deberíamos exigir ser declarados una Zona de Emergencia Social, para que una vez por todas el gobierno propicie una acelerada industrialización micro y macroempresarial como recientemente lo demostró PARTENARIAT 94, en las áreas de calzado, cueros, frutas y maderas, como pudo observarse en la zona del nevado del Ruiz dos años después del desastre de Armero, cuando se conformaron más de doscientas empresas en el Tolima y viejo Caldas.


Por supuesto que la reintegración del departamento debe iniciarse ya, en el sentido político, configurando pactos de gobernabilidad con las regiones, que devuelvan el sentido de pertenencia a sus líderes, y en el sentido económico, centuplicando los esfuerzos para comunicar a Popayán con la Costa Pacífica y con la Bota Caucana de manera adecuada como Plan Fundamental, sus dos únicas fronteras agrícolas disponibles para contener la inmigración que soportan los municipios del norte donde se han multiplicado los problemas de vivienda, seguridad, educación y servicios para una población flotante cercana a 40.000 personas que abandonan el desamparo y aislamiento inaceptables en que sobreviven aún en la costa.


Así pues, si en el Plan Nacional de Inversiones asociado al Plan Nacional de Desarrollo del gobierno que será de obligatorio cumplimiento por los próximos cuatro años correspondientes al período de quien resulte electo no aparecen los recursos para lograr la integración vial del Cauca, a nadie le debe extrañar el irremediable deterioro de las interrelaciones políticas de sus comunidades. Estas necesidades han agudizado las contradicciones hasta crear condiciones verdaderamente graves que líderes apoltronados en sus curules de la capital pretenden desconocer olimpicamente.


La Universidad del Cauca debe crecer, modernizarse, descentralizarse como lo ha hecho la Universidad del Valle con sus sedes en Buenaventura, Buga, Tuluá , Cartago y proximamente en Santander de Quilichao como puede verse, por falta de nuestra propia presencia. El acceso a una educación universitaria popular y democrática es el camino más claro hacia la paz y la cohesión social.

La reconstrucción de Popayán absorvió todos los recursos y energías del departamento y de la nación por cerca de una década. Las necesidades de los municipios se agigantaron a niveles insospechados que explican el estado volcánico en que estamos. ¿Cuál es el Proyecto Político Regional? ¿Cuál la respuesta?


Al Cauca como departamento le estan contando las horas y se integra o se disuelve! Los bosques que permanecían inexplorados, ahora son la tierra que explotan narcotraficantes y mineros inescrupulosos. Vientos de rebelión están alimentando la chispa de la inconformidad y puede convertirse todo esto en huracanes de guerra! Cuando esto sucede, las cosas jamás vuelven a ser iguales. Ojalá pues que antes de terminar el siglo, al próximo gobernador no lo despierten después de una alegre noche de juerga en el club campestre, para comunicarle que ya no existe departamento para gobernar.

(Cali, mayo 31 de 1994).














domingo, 25 de diciembre de 2011 0 comentarios

PREPAREMONOS PARA LA NUEVA POLITICA

Hay momentos en la vida que el espíritu nos conduce hasta una encrucijada. Momentos en que se toman decisiones fundamentales para poner de acuerdo los sueños y la realidad. Sinembargo, creo que estamos llegando por fuerza de las circunstancias a uno de aquellos instantes seleccionado por la historia para cambiar el destino de nuestra existencia.


Cuántos años llevamos errando sin encontrar una salida a nuestra condición de atraso, desigualdad y pobreza incuestionables? Esta, que fuera la generosa tierra donde creció un poderoso imperio precolombino, ahora parece un cuerpo lleno de las cicatrices sin cerrar, de heridas que se abren cada día, de equilibrios aparentes y desigualdades profundas que cavan cada semana nuevas tumbas.


Nos hemos convertido en la mayor zona de conflicto permanente que gravita en la realidad colombiana, como resultado de las grandes contradicciones históricas que hemos padecido desde la conquista. El imperialismo español construyó sobre el despojo y destrucción de la cultura indígena su propia cultura de poder, su andamiaje de clases y explotación del hombre hasta niveles inverosímiles que ni siquiera trescientos años después de desencadenarse las guerras de independencia, hemos podido romper todas las ataduras mentales que mantienen cautivos nuestros pueblos.


Son verdades elementales. Un pueblo que ha sido utilizado como yunque le queda muy difícil convertirse en martillo contra la propia injusticia que lo ha agobiado. Talvés esa ha sido la razón por la cual permanece tan fracturada la opinión de nuestras comunidades pobres, sean raizales, indígenas, negras, campesinas o como quiera llamárseles. Y lo que es peor, los enfrentamientos interétnicos son hoy más profundos que los conflictos de clase que se presume deberían invocar una ferrea unidad frente a la explotación, el desalojo y la desintegración socio económica que vivimos.


El incontenible acceso al conocimiento, gracias a esa inesperada oportunidad de utilizar la tecnología, ha generado un progresivo equilibrio entre las fuerzas en contienda. Cada día, centenares de jóvenes de toda condición social, adquieren nuevas destrezas y se enteran de las nuevas verdades que sacuden al mundo, cambian ideologías y mitos que parecían inconmovibles al paso del tiempo y establecen nuevas formas de vivir en el planeta.


De igual manera, la desaparición del monopolio de la información hace cada día más difícil la manipulación de la opinión pública por parte de quienes usufructuan el poder mediático de prensa,radio y televisión. El ingreso del internet ha roto las cadenas que jamás pudo desanudar los tímidos esfuerzos de la llamada democracia participativa.


Nuestro reto es aprender a compartirlo. La revolución ha comenzado.
viernes, 2 de mayo de 2008 0 comentarios

LA ÚLTIMA NOCHE DE MISTER BABALÚ



La mañana de aquel miércoles de neblinas huidizas y eucaliptos inquietos Miguelito Valdés había abordado el teleférico de Monserrate no porque tuviese el sueño premeditado de mirar por última vez la ciudad, sino porque en su caminata se había topado con un agradable grupo de trasnochadores impenitentes del Valle del cauca y llevado por una ráfaga de confianza, les había seguido la corriente, aceptándoles discutir el tema eterno de su peregrinar de siempre: la música. Sin la amargura de las desilusiones ni el peso del olvido que iba adquiriendo su fama legendaria de antaño, disfrutó el escándalo que causaba en los peregrinos la grabadora inmensa que desgranaba aquellos boleros morunos de su viejo amigo Tito Rodríguez. Pero ni en ese momento ni después a lo largo del día intuiría que el tiempo es un insobornable testigo de la existencia y que sus horas estaban contadas.

Seguramente hubiese disfrutado el incógnito de aquella fuga de la realidad sino fuera porque, mas que libertad, era búsqueda de aire puro para un cuerpo golpeado por el tufo de los cabarets y el humo sempiterno de los habanos “Cohíba” con que exorcizaba sus presentaciones, sino lo hubiera delatado su caminar desenvuelto de Caribe indomable, el sombrero negro de bailarín de milonga y su traje todo negro cortado sobre medidas en Los Angeles donde residía. Pero Miguelito Valdés, Mr. Babalú como se le conocía en los medios tenía el alma abierta y el espíritu desenvuelto que lo convertían sin proponérselo en el centro de atracción donde quiera que se presentase. La ocasión era válida.

La gloria de haber sobrevivido a la herrumbre de la revolución Cubana le había convertido en un vagabundo célebre, así como errantes y exitosos deambulaban como corsarios sus compañeros de exilio: Miguel Matamoros, Arsenio Rodríguez, y Celia Cruz. En su fardo de recuerdos estaban las grandes orquestas: Casino de la Playa, Xavier Cugat, la Sonora Matancera, su propia orquesta y cualquier multitud de conjuntos que compartían el sentimiento colectivo de su ancestro afro caribe, la magia sensual de su voz tribal y el canto mulato de sacerdotiso en que se convertían sus presentaciones. En cada actuación, emitía aquel mensaje alado que transportaba a otros tiempos:

-“A é! Che che re bruca maniguá, mira que bruto bruca maniguá, a é!”-

…porque había en él una fantasía erótica cuando sus manos golpeaban la tumbadora y bajo el conjuro del cencerro, los saxofones y trompetas, el público sentía un ansia indefinible de libertad y el recuerdo sublime de un bien perdido en el pasado.

Aquella tarde, arregló sus maletas pensando en que tal vez al finalizar el Show de media noche en el Hotel Tequendama, llegaría tan cansado que sería incapaz de hacerlo. Una premonición sutil lo había movido a telegrafiar a su esposa que regresaría dos días después, pese al desarraigo que le causaba el tráfago de Los Angeles. Solo sería unos cuantos días, porque sus verdaderos sueños eran volver a la playa, cualquier playa, cualquier mar, donde se pudiera sentir la cercanía del sol, el agitado paso del tiempo en las palmeras y la nostalgia de siempre Todos sabíamos que su música era tan solo el lenguaje cifrado con que invocaba los recuerdos, los afectos indelebles, los rencores proscritos y los sentimientos confusos con que cada cierto tiempo añoraba a Cuba…su gente, su brisa tibia cargada de alivio, y el encanto indescifrable que ocultaba cada rincón de la cada vez más lejana isla.

En la noche, la presentación estaba cargada de la misma nostalgia. Los mismos admiradores de ayer, algunos pocos que habían estado en su concierto popular de la Media Torta que se acercaban para que les firmara autógrafos, los que registraban el recuerdo mate de una fotografía donde aparecerían los ojos almendrados cargados de presagios ya, bajo unos párpados enrojecidos y abotagados por el peso del insomnio.

Había cantado a placer. Su voz metálica, un tanto enronquecida por el tapiz del tabaco, llenaba los tres costados del apretujado salón, cuando la sangre fascinada por el instante de gloria le trajo el sabor de la resolana de Cartagena de Indias:

-“En la playa blanca de arena caliente, hay rumor de cumbia y olor a aguardiente…”-

Sintió que era una oportunidad más que le daba la vida de combinar su soledad interior y los afectos del pasado, por lo que se levantó y anunció alegremente:

-“Y ahora, para todos ustedes, de mi compadre José Barros, Navidad Negra!”-

En ese momento se fue desmadejando como una ola que termina el recorrido de su existencia en cualquier playa solitaria. Y ante el público mudo, sorprendido, estupefacto de aquel amanecer del 8 de noviembre de 1978 en Bogotá a 2.600 metros sobre el nivel del mar, murió Miguelito Valdés, el misterioso Mister Babalú, cuyo son eterno llevamos con nosotros.

(Publicado en OCCIDENTE abril 10 de 1994)

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EL HERMANO MAYOR DE BENY MORÉ



EL HERMANO MAYOR DE BENY MORÉ
DANIEL LASSO,
“LENTA” PARA LOS AMIGOS.

POR: JOSE RAMON BURGOS MOSQUERA

La mañana de este jueves de reminiscencias el valle exhala frescura por las lluvias de la tarde de ayer. La carretera a Puerto Tejada, bajo el peso implacable de centenares de volquetas se ha ido convirtiendo en un tórrido camino de altibajos donde asalta a la menor oportunidad un peligro latente. No obstante el Norte del Cauca mantiene vivo su encanto interior de pueblos negros con su idiosincrasia y valores inconfundibles, su tierna fatalidad, su dramatismo atávico, y a pesar de todo ello, la vitalidad inmanente con que se asume cada circunstancia de la existencia.

No de otra manera se concibe en éste trópico de sueños, personajes como Daniel Lasso Díaz Carabalí, “Lenta” para sus amigos, a quien con justicia se le conoce como el “hermano mayor” de Beny Moré. Y es que “Lenta” exhibe un encanto especial, una magia antillana única que a duras penas le permite sustraerse a la realidad cortante de nuestros tiempos. Nacido en “Arrancacinchas” una vereda recóndita entre los recovecos del río Palo al occidente de Puerto Tejada, a los 66 años se desplaza con la elegancia del Mulato de Richie Ray, enfundado en su guayabera Habanera, pantalones de linos impecablemente blancos, la cachucha infaltable y un aire de importarle un “carajo” que los tiempos de la abundancia de los negros se los tragó el polvo del olvido. En cada expresión se percibe que en su alma de artista permanece intacta la convicción de que tarde o temprano la realidad termina por darle paso a los sueños, sin embargo y pese a algunas fantasías de porcelana que todos llevamos dentro y a la certeza de que no hay nada más apasionante que su trajín diario, las añoranzas le arañan el alma sin contemplación alguna:
.
-“En la música hay algo de instinto, que vibra con los rítmos que uno lleva dentro. Y aunque nada es más bello que eso, uno nunca puede dejar de el dolor de la realidad”- nos confiesa a Diego Paz y a mí. Y entonces recuerda con fruición la historia de la bisabuela contada en su infancia de labios de la abuela, quien había sido “marcada” en la hacienda de La Bolsa por los años de la abolición. Estas historias lacerantes que hicieron de su niñez una permanente reflexión le imprimieron para siempre un gesto de hombre absorto y de ademanes pausados que ahora ya sabe los circunloquios que da la vida.

Receloso al comienzo, después del quinto trago deja que sus dientes blancos brillen bajo el bigote encanecido de caribeño audaz y se abandona al calor del afecto que fluye con los recuerdos del pasado:

-“Cuando dejé el fútbol profesional, formamos una orquesta en Puerto tejada que se llamó “Armonía Tropical”. La mayoría eran músicos de escuela como el maestro Aníbal Loboa quien era el director, Samuel Díaz baterista, Alí Garcés trompetista, Juan Caicedo y otros. Tocábamos de todo! Porros, pasillos, pasodobles, guarachas…en fin. Yo le daba a la tumbadora, como se le debe dar, con esa cadencia que le viene a uno del alma, sobre todo los temas de Beny Moré. Y bueno, desde entonces, cada vez que los amigos quieren evocar los buenos tiempos, me contratan con un grupo pequeño de músicos y es como si el tiempo no hubiera pasado, compay” – comenta con los ojos vibrantes.

Las remembranzas maceran sus bigotes endurecidos por la resolana del Norte del Cauca, sobre todo porque “Lenta” al igual que los cantantes de su generación sobreviven pese a su mal llevado matrimonio con la música: no pueden vivir ni con ella, ni sin ella. Ello no le impidió disfrutar de la compañía del grupo de Celina y Reutilio a quienes invitó a su casa a comerse unos fríjoles negros hechos en leche de coco. Luego de unos alegres rones les cantó algunas de sus mejores interpretaciones y uno de ellos exclamó encantado:
-Chico, ¿Qué tú haces aquí? ¡Si estás cantando como el hermano mayor del Beny Moré!-

-“Mi mejor amigo de la infancia y de la adolescencia fue Jorge Benhur Peña, quien es hijo natural de un hermano del cantante Luis Ángel Mera. Me envió esa foto desde Hollywood donde se dedica al diseño de joyas para el jet set…tú sabes: Gregory Peck, Elizabeth Taylor…al punto que es compadre de matrimonio de Muhammad Ali, el inolvidable Cassius Clay!”

Los ojos brillantes por el instante, pese a un halo simbólico que los cerca, giran alegremente hacia la pared donde está el personaje a quien se refiere y comprendo el valor en que sobrevive esa vieja amistad.

¿DE DONDE SON LOS CANTANTES?

“Lenta” ha cantado para todos, ha cantado para redimir las penas de los amigos, pero fundamentalmente ha cantado por lo que todo el mundo termina inconscientemente haciéndolo en cualquier instante: para ponerse a resguardo de los sitios a que nos impone la soledad.

-“Una noche de viernes de 1958, Luis Ángel Mera nos llevó a su hacienda de Quintero con José Felipe Mina el contrabajista, Rafael Olave trompetista, Miguel Olave y Oliver Viáfara guitarristas, mi tumbadora y yo. En la casona estaban entre otros Carlos Julio Ramírez, Curro Girón y Emilio Corey entre los conocidos. Pero los invitados de Luis Ángel siempre eran de lo mejor de Cali, había mujeres bellísimas, licores de toda clase, en fin… Después de pasar la noche escuchando las dos mejores voces de América, cuando ya se estaban recostando comenzamos nosotros a darles una serenata cubana con canciones de los Matamoros, de Beny Moré: “Yiriyiribom”, “Bonito y sabroso”, “Mucho corazón” hasta que los sacamos de una resaca de espanto preguntando lo mismo de siempre: ¿De dónde son los cantantes?”-

Volver a los cincuenta de la voz de un exarquero de aquel Deportivo Cali del 48, de “Chinola” Aragón, Severiano Ramos, Máximo Lobatón (Peruano) y los argentinos Manuel Espagnolo, Héctor “Tanque” Ruiz y de la mano de sus músicos de ayer, hoy y siempre tiene sus privilegios, aunque termina uno cayendo en las trampas de la nostalgia, de las cuales no se regresa a casa sino al atardecer del día siguiente liberado de los sempiternos complejos de culpa, fortunosamente.

(Publicado en “OCCIDENTE” el 25 de junio 1994)
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SOY EL ÚLTIMO NEGRO QUE QUEDA EN EL SENADO


Guiado por la luz de su buena estrella negra, Sofonías Vidal abandonó la sombra de los últimos guamos y carboneros que sobreviven en las márgenes del río Güengüé, cerca de la hacienda Méjico en su nativo Puerto Tejada, para intentar sobrenadar en ese mar enloquecido de neblina, intrigas y “locura demencial” en que se ha convertido la capital de Colombia.

A diario, la pequeña saeta negra que envuelve su cuerpo delgado de asceta africano parece pender de un hilo invisible guiado por manos misteriosas, mientras zigzaguea con su vieja cámara Cannon registrando los instantes insólitos, los segundos fugaces, aquel mágico momento que solo será incambiable años después, cuando el tiempo se convierte en un insobornable juez.

Sofonías Vidal, con su cráneo dolicocéfalo de Yoruba Ghanés, brillante, de canas ensortijadas, ha exorcizado con su cultura milenaria los salones vaporosos a incensario electoral y la cochambre hostil que resuma la burocracia intocable. Hoy hace parte de la tropilla audaz de testigos de excepción que viven paso a paso el pródromo de las leyes, el fragoroso combate que se libra en su interregno y el parto feliz dos o más años después.

-“Hace dos años recibí la muestra más grande que se le pueda dar a un funcionario público. El Director Administrativo de entonces, el doctor Domingo Cárdenas me declaró insubsistente. Yo sin embargo, seguí trabajando y hablando con mis amigos: Luis Guillermo Giraldo, Alberto Santofimio, Maria Estela Sanín, Roberto Gerlein y tantos otros…me había llegado un cobro judicial de Colmena porque llevaba cuatro meses de atraso en mis cuotas, los mismos que tenía por fuera de la nómina…cuando en plena discusión de la Ley de Presupuesto Nacional se lee una proposición presentada por el Senador Giraldo solicitando se me reintegrara en el cargo. ¡Fue aprobada por unanimidad! Y curiosamente no solo se cumplió ese mandato, sino que dos semanas después era declarado insubsistente el Director Administrativo –cuenta, con los ojillos vivaces de satisfacción-.

-“Pero lo increíble no termina allí” –agrega con franqueza- “A la media hora se me acerca el doctor Pedro Pumarejo, secretario General del Senado con un sobre y $870.000 que los Senadores habían recogido, cuando se enteraron por las que estaba pasando. ¡Carajo. Ahí es cuando uno no sabe qué hacer con la amistad en lo que le queda de vida!”-

Sin embargo, Sofonías no olvida aquellos lejanos días de su infancia en la escuelita de maestro Domingo Lasso cuando correteaba con ,os amigos hasta las orillas del río Palo para ver el desfile final del vapor “Caldas” con el que no solo se iban los sueños del futuro sino que se iniciaba la interminable travesía del desierto para los negros del norte del Cauca, el progresivo deterioro de su condición humana, la pérdida de su identidad cultural, la diáspora incontenible por todos los recovecos de las selvas colombianas.

-“En razón de mi trabajo, viajo con frecuencia por todo el territorio nacional. He visto toda nuestra gente regada por toda Colombia”- recuerda, mientras hace cuentas del archivo fotográfico que ha logrado acumular en cuarenta años de ejercicio profesional y como reportero de “OCCIDENTE” donde se inició, “EL PAIS” y otros medios nacionales.

-“El país ha dado un vuelco tremendo desde que pasó ese “ciclón” del Presidente Gaviria (César) –observa reflexivamente- pero sin desconocer la figura sobresaliente de la Senadora Piedad Córdoba, en verdad, ¡Soy el último negro que queda en el Senado ¡!”-






Por todo ello, Sofonías guarda memoria fiel de las horas sin transcurso en las sesiones permanentes, registra el gesto adusto, el ceño fruncido, la mueca trágica, la sonrisa complaciente de Representante, Senadores, Ministros y hasta Presidentes. Ha almorzado en el Hilton, cenado en el Club de Ejecutivos y participado en desayunos de trabajo en el Tequendama. Se saluda cordialmente con Horacio Serpa, o Tito Rueda Guarín o disfruta de las notas de buen humor de Juan Guillermo Ángel. Conoce a plenitud de las rabietas de Maria Izquierdo, la elegancia “y muy gente” actitud de Claudia Blum, el corte clásico y la oratoria centenaria de Roberto Gerlein Echeverría, el humor inteligente – pese a su fama de malgeniado- de Víctor Renán Barco, el respeto no exento de ironía conque hoy se escucha a Santofimio Botero, la seriedad incambiable de Fuad Char, en fin, a cada quien lo ha visto ascender trabajosamente los peldaños de la fama y descender las gradas del Capitolio, para no regresar sino por los rescoldos del pasado y la liquidación.

Hubo un instante indefinible en que guardó silencio. Hubo en su rostro un aire lejano que le trajo recuerdos degradantes de pasados tiempos. Fue cuando lo interrogué sobre las actitudes que han asumido con él los parlamentarios Caucanos, excepción hecha de Humberto Peláez Gutiérrez, quien hizo posible su nombramiento como fotógrafo de la Oficina de Prensa del Senado!


(“Publicado en “OCCIDENTE”)
lunes, 21 de abril de 2008 7 comentarios

EL ULTIMO MANDINGO


DE SU VITALIDAD LEGENDARIA SE TEJEN TODA SUERTE DE HISTORIAS QUE EL SOBRELLEVA CON HUMOR, LO CUAL NO LE IMPIDE MANTENER LA INCOGNITA DE SU SECRETO MEJOR GUARDADO

La cacería de negros duró más de doscientos cincuenta años desde 1.600. Hasta mediados del pasado siglo, barcos de piratas insaciables y traficantes sin escrúpulos asolaron las costas de África Occidental, penetrando en Senegal, Guinea Bissau, Zambia, Sierra Leona, Costa de Marfil, Ghana, Nigeria y Angola, cuando apenas eran esbozos de naciones organizadas. Pueblos enteros que habitaban a lo largo de los ríos y en las sabanas que hacían parte del Gran Imperio Malí, fueron diezmados por bucaneros Ingleses, buhoneros Españoles, piratas Portugueses, corsarios Alemanes y filibusteros de Holanda, quienes comerciaban de todo pero fundamentalmente hombres, ya fueran Ashantis, Fautis, Yorubas, Ibos, Walofs, Fulanis o Mandingos los cuales eran traídos al otro lado del mundo, a un mundo nuevo de tierras feraces donde la justicia era virgen y la codicia sin límite marcaría un hito insuperable en la historia. Cuando lograban sobreponerse a la travesía del Atlántico los negros eran vendidos en los principales puertos de América: Baltimore, Savannah, New Orleáns, La Habana, Santo Domingo, Panamá o Cartagena de Indias. Gracias a una prodigiosa tradición oral que no lograron borrar los infortunios y vejámenes acumulados, se puede reconstruir el recorrido sin nombre desde las márgenes del río Casamance al sur de Senegal hasta las playas del río Palo en Puerto Tejada al norte del Departamento del Cauca de un descendiente de aquellos grupos que sobrevivieron a la hecatombe de la esclavitud, movido por el orgullo atávico y el instinto indómito de lucha que distingue el linaje de lo Mandingos.


Esta es la historia de uno de ellos… ya que muchos de sus antepasados no tuvieron la suerte de dejar testigos para contarla.

Sabas Casarán es un negro inmenso de unos ciento ochenta y cinco centímetros a quien los tiempos no logran doblegar aún, pese a sus ya casi noventa años de edad. De su vitalidad legendaria se tejen toda suerte de historias que él sobrelleva con un humor perfecto, lo cual no le impide mantener viva la incógnita de su secreto mejor guardado.

La nobleza de su raza se percibe en parte por su mundo pleno de elaboradas mitologías y tradiciones tribales y en parte por la señorial dignidad con que ejercita una prodigiosa memoria escondida bajo la piel achocolatada y las canas brillantes a la primera hora de la tarde.

Vive con sobriedad, sin importarle los rasguños del qué dirán, por su fama de hombre acomodado. Los muebles recuerdan viejos robles y nogales de mediados de siglo, en el cuarto de los chécheres cuelga una silla de montar y permanece atracada una canoa de cachimbo que pertenecen al pasado glorioso del Norte del Cauca, cuando la bonanza del cacao.
Las manos gigantescas de tallador de máscaras ceremoniales por un instante me hacen recordar de sus antepasados “nyamkala” africanos.

-“El abuelo de mi abuelo, José Joaquín Casamans ( el apellido se fue transformando con el tiempo) fue comprado en Cuba por el Ingeniero Eastman Gardner quien lo llevó a trabajar en las minas de El Zancudo y Marmato en la Provincia de Antioquia. Eso fue a fines de 1.795- recuerda sin resentimientos- “Posteriormente fue adquirido por Don José María Mosquera, el papá de Tomás Cipriano, y traído a sus minas de oro en las cercanías de Buenos Aires, Cauca”

Sabas humedece los labios y con sus ojos profundos taladra mi asombro por la detallada precisión de su narración.

-“Allí nació nuestra relación con los Mosquera y los Iragorri, con los que terminamos emparentados”- agrega con media sonrisa que no logro definir. En el trasfondo del diálogo me parece escuchar el gutural lamento de un “blue” a la manera de Ella Fitzgerald, porque cada frase pronunciada con su voz grave de barítono retirado, tiene el encanto de una danza ritual y la musicalidad de las palabras guarda aquel mismo tono bajo y enronquecido del inolvidable Louis Armstrong.

-“Mi bisabuelo Leonardo Casaran Golú, fue un liberto que alcanzó a establecer las condiciones para que la familia pudiera vivir con dignidad”-afirma con ademán pausado. Luego hace referencia a valores desconocidos pero vigentes sobre la feroz y titánica lucha que libraron los negros en América. Explica como combatieron los Patinaos del Cauca y los negros de Barlovento en Venezuela a favor de Fernando VII porque los generales españoles les prometían a cambio la abolición de la esclavitud. Mientras le escucho caminamos por los corredores de la casa y desde el fondo del patio, la puerta de la calle entreabierta me permite observar el paso de mujeres esbeltas con turbantes multicolores y collares de fantasía. Siento que África vive aquí en este pueblo de calor sofocante y calles polvorientas, donde vendría mejor una túnica de lino blanco que un estrecho pantalón de dacrón.

-“En 1844 nació en el mismo Buen os Aires, mi abuelo Isidro Casarán. Fue eterno amigo de los negros que “peliaron” en todas esas guerras civiles del siglo pasado. A muchos de ellos los conocí siendo niño y todavía se les sentía el olor a pólvora en los bigotes quemados –refiere con seriedad- “Y a todos esos negros que llegaban de la guerra, los esperaba la explotación de su fuerza de trabajo en el impuesto de terraje que cobraban los grandes hacendados, porque no había selva que descuajase un negro que no tuviera dueño!”

Reviví en la imaginación el “camino de los esclavos” con sus puentes españoles de arcos inverosímiles que enmarcan la autopista que va de miranda a Corinto, Caloto, y Santander de Quilichao, donde envejecen los caserones coloniales de la haciendas de Japio, Pílamo, García Abajo y Quintero, sus cepos erizados de recuerdo infernales, las bateas milenarias y los hornos de fuego donde hervía el sudor de esa raza envilecida por el color de su piel y por razones de la historia.

-“Y así hicimos estos pueblos! Hicimos fincas. Convertimos este norte del Cauca en lo más rico del país y los barcos llegaban a cargar nuestra producción de caco, café, oro y maderas. Así sucedía hasta 1.924 cuando subía el vapor “caldas” hasta San Julián (la Hacienda de), cargaba en Puerto Tejada, Puerto Mallarino y bajaba hasta La Virginia. Era los días martes…”

Sabas se torna nostálgico al evocar la grandeza del pasado, cuando a la bonanza económica del negro se sumaba una gran presencia espiritual.

-“Estuve cinco meses y catorce días en el frente de guerra con el Perú en 1934 y ascendí hasta el grado de Sargento Viceprimero. Me entregaron el puesto de La Tagua y cumplí con mi deber!” – Ahora su voz adquiere un vigor inusitado y sarcástico- “Pero de toda esa lucha y de recorrer a Colombia, llegué a la conclusión de que estamos muy mal repartidos, carajo!!” –Sonrío, porque todo el tiempo le he escuchado vocablos fuertes dichos en un tono respetable que les liman cualquier asomo de vulgaridad-.

-“El negro fue solidario hasta 1940” –afirma de pronto, cuando lo interrogo sobre las perspectivas de su raza y su departamento- “Desde entonces ha deformado sus ideales y valores hasta ver en lo que está convertido hoy. –se refería al último episodio electoral-. “Con raras excepciones del pasado, Natanael Díaz, Alejandro Peña, Marino Viveros, estos muchachos de ahora en su mayoría andan detrás de la alforjas de Sancho Panza!!”

El anciano caudillo guardó silencio largo rato y comprendí que deseaba permanecer a solas. Decidí que ya sería en otra oportunidad cuando le robaría tiempo a su escaso tiempo, para averiguar por el simbolismo mágico escondido en tantos objetos sin nombre que adornaban las paredes de la fresca casa de Puerto tejada, donde me había recibido.

(OCCIDENTE domingo 10 de abril de 1994)
 
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