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domingo, 5 de agosto de 2012 0 comentarios

EL RETORNO DEL LIBERALISMO II

 José Ramón Burgos Mosquera



En dos décadas una generación que interprete los gemidos que brotan de la conciencia colectiva, irrumpe y cambia el destino de la siguiente  generación que habrá de sucederle. Es el camino de la humanidad. Pero en Colombia no sucedió así. Han sido dos décadas que ocuparán las páginas mas dolorosas de nuestra historia porque durante estos veinte años sobrevinieron los peores males que ha padecido nuestra patria.

El liberalismo tampoco fue inmune a la podredumbre que se tomó al pais. La agudización del conflicto  entre el estado y la guerrilla, la inverosímil sucesión de males: narcotráfico, paramilitarismo, corrupción, en fin, las peores plagas que podrían infestar una democracia restringida estuvo a punto de destruirnos a todos por igual. En este interminable período no avanzamos, hibernamos como ciertos animales en otras latitudes y perdimos todos la brújula de nuestro propio ser como pueblo y como nación civilizada.

Hace 17 años, durante una impensable coincidencia con el desastre de Páez, presentamos un análisis aproximado de la situación del departamento de Cauca y establecímos algunas perspectivas para el cambio (Ver: "Cauca: reintegración o disolución" OCCIDENTE domingo junio 5 de 1.994). En la historia de los hombres, veinte años no son nada. Pero sirven por lo menos para observar en qué sentido gira la rueda de la historia en un tierra que nos duele por igual a Caucanos y Colombianos.

Curiosamente cuanto proponíamos como oportunidad para avanzar, se dió como subproducto de semejante catástrofe de la naturaleza. La Ley Paez, pese a todas las verdades a medias conque se la ha satanizado, le devolvió al Cauca viabilidad industrial y crecimiento productivo. Hoy, los avances proyectados a finales de la década pasada, nos permiten vislumbrar alternativas de expansión y desarrollo industrial. Medio millar de empresas de diversas dimensiones le generan al departamento y a sus municipios variables financieras considerables. Algunos, como Santander de Quilichao, lo asumieron con inteligencia y multiplicaron su oferta académica a nivel técnico, tecnológico y profesional y han convertido en una fortaleza sus debilidades del  pasado, calificando su mano de obra juvenil. Otros vilipendian los nuevos ingresos y se usufructuan de las inversiones que hace la Fundación para el Desarrollo creada y administrada por los empresarios. Ahora, con la conversión de la región en una gran Megazona Franca y Económica especial, estamos en mora de fortalecer nuestras relaciones con el sector empresarial para que el TLC encuentre un nicho adecuado para el establecimiento de empresas que multipliquen la oferta laboral del Cauca y una ventana para fortalecer la exportación de nuestros prodectos. 
Por lo demás, girando en un remolino incontenible los gobernantes locales sobreviven algunos con gloria y los más sin pena. Basta recordar que uno de ellos (Chaux Mosquera) fué condenado por la Corte Suprema de Justicia por nexos con paramilitares y otro, (González Mosquera) fué destituido en abril y absuelto en octubre del pasado año por la Procuraduría General de la Nación, ante la pérdida de miles de millones de pesos de la salud, escándalo relacionado con depósitos irresponsables en Probolsa, entidad captadora ilegal de dinero.

 ¡Que tiemblen los porteros! Se escuchó decir en las calles de la capital, conocido el fallo anterior.

Y qué pasó en el Cauca? Pasó de todo...pero todo sigue igual! Los mismos políticos empeñados en cerrarle el paso a la generación de relevo, peleandose a dentelladas la burocracia regional y aprisionando con grilletes la dirigencia local por cuya disputa han llegado a la sangre. A nuestros parlamentarios les preocupan mas  los incisos en las comisiones conciliadoras de ciertas leyes que la sustancia que carcome al departamento.  Y mientras tanto? El departamento parece un galeón de siglos anteriores perdido en un mar de babia y miseria: los mestizos cada vez más arrinconados por el empuje de los indígenas cuya lucha milenaria por recuperar sus territorios ancestrales los ha llevado a desconocer que decenas de miles de negros, mulatos, mestizos, zambos y hasta unos cuantos hispanos, tambien tienen derechos. Los indígenas avanzan en su organización política lo cual les ha permitido alcanzar importantes logros y representatividad tanto en las dignidades del congreso y la gobernación del Cauca, como a nivel internacional. Los negros de la costa siguen más aislados que nunca, además de verse sometidos a la tonsura que imponen los grupos que están explotando la riqueza minera de la región así como su inescrutable valor estratégico.

Y el Cauca sigue desintegrado, incomunicado, aislado, desoido, negado, con la más alta tasa de desempleo en el país;  el norte y la costa atados al Valle, el sur a Nariño y el oriente al arbitrio de las FARC, decididas a no abandonar el filón encontrado en la brusca geografía de la cordillera central donde, pese a lo sostenido por Feliciano Valencia, la Guardia Indígena y la ACIN, son los amos y señores. En eso no podemos equivocarnos con la ingenuidad primermundista de los periódicos europeos, quienes juran que  curtidos guerrilleros  con cerca de medio siglo de establecidos en esa cordillera, la van a entregar después de tres fuetazos de la guardia indígena. Precisamente el no haber construido la carretera que uniría al Caquetá con el Valle a través del páramo de Santo Domingo, ha impedido el desarrollo de la empresa agrícola y ganadera indígena y ha puesto la mano de obra indígena al servicio de los dueños de los narcocultivos sometidos a su vez a la carga impositiva de los grupos armados de toda índole.

En el norte, por lo demás, se crearon dos nuevos municipios: ya fuera por conveniencias electorales de aspirantes a parlamento en beneficio de la capital, cuando no por dividir más aún al norte del Cauca, en beneficio de un agotado y podrido liderazgo del partido liberal. Villarica va viento en popa. Guachené aún tiene que demostrar que su dirigencia ha madurado para avanzar.

Los Caucanos tenemos que sentarnos a hablar sobre cómo vamos a aprender a convivir de aquí en adelante: indios, hispanos, mestizos, mulatos, negros, campesinos, empresarios. Este territorio ya se volvió ancestral para todos y a todos nos duele. Si no estamos preparados para entender la paz como un territorio de oportunidades para buscar el equilibrio y la libertad, estaremos condenados a seguir matándonos hasta el fin de los siglos, si nos alcanza.

Esa es la tarea que tiene por delante el Liberalismo. Y se compromete a hacerlo o acaba de morirse de una buena vez.

(Santiago de Cali agosto 5 de 2012)
sábado, 4 de agosto de 2012 0 comentarios

EL RETORNO DEL LIBERALISMO I

(El domingo 19 de febrero de 1995, el Diario OCCIDENTE de Cali, con el título LA CRISIS DEL LIBERALISMO - Radiografía del Norte del Cauca - publicó el siguiente análisis).

 José Ramón Burgos Mosquera




El norte del departamento del Cauca lo conforman diez municipios que hacen parte de una condición sociológica y económica similar. Ellos son Buenos Aires, Caldono, Caloto, Corinto, Miranda, Padilla, Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Suárez y Toribío. Su homogeneidad cultural y racial ha sido tradicionalmente tambien política. Desde los tiempos de la independencia, los batallones de la revolución se nutrieron de grupos de negros "huidos", los mismos que engrosaron las huestes rebeldes de José Hilario López, Jose Maria Obando, Tomás Cipriano de Mosquera y Julián Trujillo. Ese patrimonio histórico es quizá lo único que le queda a los negros del Norte del Cauca, si exceptuamos la escasísima representación lograda por sus hombres más destacados: Natanael Díaz, Alejandro Peña, Marino Viveros Mancilla, Rubén Ramirez Vivas, Gustavo González Lerma y Miguel Antonio Gómez Carabalí, de cuyo paso por los pasillos del Congreso solo sobreviven las anécdotas.
 Hubo otros parlamentarios de origen nortecaucano como Alfonso Medina, Rafael David Aponte, Alvaro Mendoza Ruiz quien representó lo más granado de la inconformidad popular y el discutido Humberto Peláez Gutierrez quien terminó representando intereses bastante diferentes a los de la región o lo que resulta paradógico: conciliando intereses multinacionales harto distantes de la negramenta nortecaucana, pese a haber obtenido las más altas distinciones en su nombre.
Por todo lo anterior, al Norte le han tocado una fibra evidente de patriótico celo regionalista, suprapartidista,que está conmoviendo hasta las raices el espíritu de combate que ha caracterizado  a la dirigencia regional. Un debate incesante se escucha en todas las reuniones, una discusión áspera se ha tomado todos los grupos y una autocrítica explicable es la nota de toda conversación: "¿Cuánto le dieron a tal?" Que fulano estaba al servicio de tal candidato, que perencejo fue el responsable de la votación de menganejo en tal municipio,en fin... Tanto hemos hablado del dramatismo atávico que acompaña las actitudes de los negros que a veces las decisiones más trascendentales son asumidas  con el caracter más risueño. Pero ha llegado tan lejos el atraso social del norte que el fracaso y la situación miserable de sus pueblos ya hacen erupción. Nada lo va a impedir!
Al igual que en el Valle del Cauca al liberalismo NorteCaucano se le agotaron los espacios de poder por una crisis de doble vía:  de un a parte, la ausencia de un liderazgo ideológico que identifique la gran problemática de la región y de otra, la anarquía organizacional que quedó como rezago del maniático mesianismo del Senador Peláez, quien lejos de generar un equipo directivo, unas respetables jerarquías de mando, cayó en las garras del detestable endiosamiento personal que termina macerando toda fuerza política estable.
No de otra forma se explica la increible dispersión de las fuerzas electorales del Norte. Observemos:

VOTACION PARA SENADO DE LA REPUBLICA - DPTO DEL CAUCA- (13 de mrzo de 1994)
  1. Total de votos               141.841               100.00%
  2. Voto por Caucanos        81.876                 57.72%
  3. Voto otros candidatos    59.965                 42.28%
    Región Nortecaucana:
  1. Total de votos                  36.527                100.00%
  2. Total votos válidos            32.708
  3.  Voto por Caucanos          16.152                  49.39%
  4. Voto otros candidatos        16.556                 50.61%      
donde no solo resalta el total divorcio de la  de la opinión de las gentes con los voceros locales, sino una escandalosa votación por candidatos de otras latitudes, cuyo compromiso con la problemática regional es ninguno, si como desde ahora puede verse que el Norte del Cauca está ausente de proyectos en el Plan Nacional de Desarrollo ,  a cumplirse en el gobierno Samper.

El norte del Cauca no se siente interpretado por nadie. No ha encontrado voceros válidos para sus angustias sociales ya porque la corrupción de sus líderes los alejó del apoyo popular, ya porque han aparecido nuevas instancias que han hecho viables ancestrales aspiraciones populares como la Fundación Propal, los movimientos cooperativos y las ONGs, sin que por supuesto se llene el gran vacio doctrinario y la brújula programática que guíe los destinos de la región. Estos espacios han sido utilizados habilmente por la dirigencia  política del Valle del Cauca a un costo irrisorio que ha duras penas ha consistido en prolongar las expectativas que jamás llenaron los dirigentes del centro del departamento, dueños de una miopía sin límite que les impidió integrarlo, desarrollarlo, proyectarlo, rediseñarlo haciendo participes a todos sus integrantes, sacándolo de ese núcleo cerrado y estrecho en que se ha convertido la toma de decisiones de la capital caucana, descentralizando su universidad, impulsando los potenciales regionales, en fin, manejando otros  conceptos de políticas públicas.

Voceros de todas las tendencias y grupúsculos en que terminó despedazado el liberalismo, estan convocando a una Convención Regional para el 18 de marzo próximo, desde donde se impulsará un gran Foro ideológico de Reintegración Nortecaucana a cumplirse a mediados de agosto. Por supuesto que el principal enemigo de ese proceso no está en el viejo "caudillismo popayanejo" sino en el anárquico "Yoismo" de que hacen gala los incontables aspirantes locales, enemigos acérrimos de la disciplina, la organización, las reglas del juego deocrático, la indisensable Unidad.

TODOS MUERDEN. NADIE SE COMPROMETE.
La ubicación geográfica privilegiada, el poseer las mejores tierras agrícolas del departamento, parece que se hubiera confabulado contra la región. Veamos: no había termindo la terrible década que siguió al sismo de 1982 y que reconcentró toda la inversión del gobierno nacional en Popayán, cuando se presenta la avalancha del rio Paez registrada el 6 de junio del pasado año. Nace una nueva Corporación para la recuperación de esa zona, la "Nasa Kiwe" que al igual que su antecesora, la CRC cumpliendo un mandato ilegal, posterga por tiempo indefinido la inversión en la región nortecaucana, porque "allá no hay problemas". Así se manejan las inversiones del Fondo DRI, los principales Proyectos del Plan Nacional de Rehabilitación, los de Desarrollo Alternativo que cuentan con apoyo de la ONU, los proyectos agropecuarios que desarrolla el Cauca dentro del Programa Nacional de Transferencias de Tecnología (PRONATA), los de entrega de tierra a campesinos para el incremento en la producción de alimentos...al punto que hoy en día la calidad de vida de los grupos indígenas del oriente del departamento es harto superior a la de los campesinos y habitantes de los suburbios en los municipios nortecaucanos.

La región, la provincia toda, debe repensarse, rediseñarse y adecuarse a la situación que le corresponde asumir en ese mal llevado matrimonio que tenemos con el Valle, ya que: ni somos suyos ni podemos vivir sin él. La agroindustria nortecaucana la mueven capitales vallecaucanos, la industria papelera, el transporte,  los servicos públicos fundamentales, la educación de nuestros jóvenes, la recreación, en fin, hasta el sector de la construcción está siendo jlonado desde la capital del Valle del Cauca. Ello ha terminado reflejándose hasta en los "mordiscos" electorales de los "barones" del vecino departamento. Observemos:

VOTACION PARA SENADO DE LA REPUBLICA - DPTO DEL CAUCA- (13 de mrzo de 1994)

  1. Aurelio Iragorri Hormaza          18.881          13.31%
  2. Edgar M Orozco                        18.094           12.76%
  3. Jesus E. Papamija                     16.643           11.73%
  4. Humberto Pelaez                       10.348              7.30%
  5. Jesus Piñacué                              8.102              5.75%
  6. Luis Guillermo Ramos                 5.741              4.05%
Candidatos de otras regiones:

  1. Luis Fernando Londoño              3.960              2.81%
  2. Maria Cristina Rivera                  3.795              2.68%
  3. Mauricio Guzmán                        3.075              2.17%
  4. Jaime Ortiz Hurtado                    1.870
  5. Carlos Herney Abadía                 1.823
Las perspectivas de ésta atomización electoral terminarán convirtiéndose en la principal enemiga de los intereses del Norte del Cauca. No de otra manera se explicaría el total rechazo a los representantes del filibusterismo electoral y el naciente proeso de reintegración de los diez municipios citados.
(Puerto tejada febrero 15 de 1995)
viernes, 20 de julio de 2012 0 comentarios

ASONADAS CON OLOR A BELIGERANCIA


Por años, hemos compartido el sino trágico y la suerte de los pueblos indígenas que habitan  a lo largo de la cordillera central del suroccidente colombiano. Como nortecaucanos convivimos con centenares de indígenas en los municipios de Miranda, Corinto, Toribio,  Caloto, Silvia, Puracé y Caldono. Hemos sido testigos de su incansable peregrinar en defensa de sus territorios y de su integridad cultural, desde la fundación del CRIC, hace más de un cuarto de siglo, hasta aprender a sobrevivir en medio de los enfrentamientos de los incontables grupos guerrilleros que se han tomado periodicamente la zona como territorio de guerra.

 Autodefensas campesinas, chusmeros y bandoleros en los cincuentas y sesentas y luego guerrilleros de las FARC, M 19, Ricardo Franco, Jaime Bateman, Quintin Lame, y cuanto rebelde se aparezca en el horizonte, se ha refugiado en las montañas agrestes y cañones inhospitos de nuestra cordillera, a rumiar su rebeldía y de alguna manera hacerla compatible con la lucha ancestral de los pueblos indígenas por mantener su integridad territorial y su identidad sociológica, ambas modificadas por las oleadas de refugiados antioqueños, cundiboyacenses y del viejo Caldas fugitivos de la violencia de mitad de siglo, quienes construyeron una nueva subcultura agrícola y ganadera entre la montaña y la pradera vallecaucana.

El Movimiento Social Indígena, había logrado construir una infraestructura ideológica inexpugnable con apoyos nacionales e internacionales que le permitian caminar con paso sólido e inalterable hacia una concreta reivindicación real de sus derechos ancestrales, constitucionales y legales.

Pero ha incurrido en un error que podría significar su peor equivocación.

Atentar contra el Ejercito Nacional y exigir el abandono del territorio desconociendo que representa una de las figuras del poder más respetadas y simbólicas del Estado, en medio de una guerra prolongada, más que una temeridad y una osadía increibles, termina prestandose a servir en bandeja a uno de los contendientes (las FARC), un territorio "despejado" de fuerza pública inicialmente y luego de toda autoridad representativa del Estado, es decir, crando las condiciones perfectas para que la guerrilla obtenga Estatuto de Beligerancia o reconocimiento internacional de para-estado o estado dentro del estado, vocería y representación a nivel mundial y finalmente, apertura sin duda a una desmembración de la unidad territorial de Colombia. Además de un paraiso para los narcotraficantes que explotan en las solitarias montañas extensos cultivos de cripy y coca. 

Por todo ello, Colombia dejó de considerar a los indígenas como "menores de edad" y con derechos y privilegios protegidos por la Constitución. Hoy son vistos como unos avivatos, oportunistas y apátridas al servico de una causa política que termina enfrentandolos a todo un país.

Y sin embargo todo no es más que una costosa equivocación del liderazgo indígena. Si no aprovechan esta oportunidad para construir una "Agenda de trabajo" conjuntamente con el Estado, estarán camino de lograr la peor frustración para una nueva generación, que en las filas de la guerrilla (más del 80% de milicianos y guerrilleros son de extracción campesina y de la etnia paez) o en la guardia indígena del CRIC, vienen construyendo una vía para la autonomía y el crecimiento espiritual y material de todo un pueblo.

Las reivindicaciones no se alcanzan solo como producto de la subversión para lograr el cambio social como lo planteara el maestro Orlando Fals Borda. Son tambien realidades alcanzables utilizando la inteligencia y el conocimiento de las fibras que le son más sensibles a la nación. 
domingo, 25 de diciembre de 2011 0 comentarios

PREPAREMONOS PARA LA NUEVA POLITICA

Hay momentos en la vida que el espíritu nos conduce hasta una encrucijada. Momentos en que se toman decisiones fundamentales para poner de acuerdo los sueños y la realidad. Sinembargo, creo que estamos llegando por fuerza de las circunstancias a uno de aquellos instantes seleccionado por la historia para cambiar el destino de nuestra existencia.


Cuántos años llevamos errando sin encontrar una salida a nuestra condición de atraso, desigualdad y pobreza incuestionables? Esta, que fuera la generosa tierra donde creció un poderoso imperio precolombino, ahora parece un cuerpo lleno de las cicatrices sin cerrar, de heridas que se abren cada día, de equilibrios aparentes y desigualdades profundas que cavan cada semana nuevas tumbas.


Nos hemos convertido en la mayor zona de conflicto permanente que gravita en la realidad colombiana, como resultado de las grandes contradicciones históricas que hemos padecido desde la conquista. El imperialismo español construyó sobre el despojo y destrucción de la cultura indígena su propia cultura de poder, su andamiaje de clases y explotación del hombre hasta niveles inverosímiles que ni siquiera trescientos años después de desencadenarse las guerras de independencia, hemos podido romper todas las ataduras mentales que mantienen cautivos nuestros pueblos.


Son verdades elementales. Un pueblo que ha sido utilizado como yunque le queda muy difícil convertirse en martillo contra la propia injusticia que lo ha agobiado. Talvés esa ha sido la razón por la cual permanece tan fracturada la opinión de nuestras comunidades pobres, sean raizales, indígenas, negras, campesinas o como quiera llamárseles. Y lo que es peor, los enfrentamientos interétnicos son hoy más profundos que los conflictos de clase que se presume deberían invocar una ferrea unidad frente a la explotación, el desalojo y la desintegración socio económica que vivimos.


El incontenible acceso al conocimiento, gracias a esa inesperada oportunidad de utilizar la tecnología, ha generado un progresivo equilibrio entre las fuerzas en contienda. Cada día, centenares de jóvenes de toda condición social, adquieren nuevas destrezas y se enteran de las nuevas verdades que sacuden al mundo, cambian ideologías y mitos que parecían inconmovibles al paso del tiempo y establecen nuevas formas de vivir en el planeta.


De igual manera, la desaparición del monopolio de la información hace cada día más difícil la manipulación de la opinión pública por parte de quienes usufructuan el poder mediático de prensa,radio y televisión. El ingreso del internet ha roto las cadenas que jamás pudo desanudar los tímidos esfuerzos de la llamada democracia participativa.


Nuestro reto es aprender a compartirlo. La revolución ha comenzado.
viernes, 2 de mayo de 2008 1 comentarios

“EL PUEBLO QUE REGALO UN ARBOL DE CACAO EN ORO”







PUERTO TEJADA
“EL PUEBLO QUE REGALO UN ARBOL DE CACAO EN ORO”

EBRIOS DE LIBERTAD, CONSUMIDOS POR EL FUEGO DEL LIBERALISMO QUE SENTIAMOS CORRER POR LAS VENAS, CREIMOS QUE ERA LA MEJOR MANERA DE ABRIRNOS PASO HACIA EL FUTURO. NO COMPRENDIMOS EL PRECIO QUE PAGARIAMOS POR NUESTRA INGENUIDAD.

Felipe Zapata apenas andaba por sus veinte años y había aprovechado la llegada del candidato presidencial del Liberalismo, Eduardo Santos, a Puerto Tejada, no solo para dar rienda suelta al potro brioso que cabalgaba sangre arriba al paso de las mujeres más bellas del norte del Cauca de aquellos brillantes días, sino para moler la caña de sus primeras mieles en la política. Había madrugado desde Las Cosechas, vereda del Corregimiento de Padilla, en Corinto y en compañía de centenares de campesinos, negros Liberales como él, se les metió en el cuerpo el gusanillo de querer darle la mano a uno de los grandes de la República Liberal.

Puerto Tejada era entonces la “Capital cacaotera de Colombia” y quien visitaba al Cauca sobreviviente de las hecatombes civiles de finales del siglo XIX, se encontraba con sus calles polvorientas, rectas y alegremente arborizadas, apretujadas por las recuas de animales cargados con las cosechas de sus 10.000 hectáreas sembradas en cacao y centenares de balsas de guadua atracadas en el entrecruce de sus dos ríos a la espera de los compradores de cacao, café, plátano y oro. Las mujeres lucían atuendos multicolores y esterlinas de oro con una africanidad cercana. Los hombres de entonces se ataviaban con sombreros de fieltro, paño real inglés y zapatos tres coronas. Los negros ostentaban con orgullo su libertad y lucían sin falsas modestias su momento de prosperidad.

Una decena de jóvenes, ardidos por el fuego de las pasiones partidistas, hijos y nietos de esclavos y libertos que aún en esa época exhibían las cicatrices que desde los pasados años les estrujaba el alma, en sus buhardillas de estudiantes en la Capital habían atisbado incrédulos el ingreso de Olaya Herrera al Palacio de San Carlos, participado de la agitación revolucionaria que los cachacos le habían armado al gobierno de López Pumarejo, recitaban de memoria apartes de los encendidos discursos del “Negro” Gaitán, se sentían dueños del sueño que mecía los destinos de un Partido que había realizado la reforma constitucional del siglo, la reforma educativa, la política agraria, la ley 200, en fin, se sentían comprometidos con los caudillos de esa masa irredenta de colonos y campesinos que solo conocían de sudor, zancudos, fatigas y soledad sin nombre.

Los Peña, los Viáfara, los Viveros, los Mancilla, los Mina, Ararat, Lasso, Villegas, Casarán, Balanta, toda esa camada de negros en quienes la dignidad y el orgullo no desentonaban, solo entendían entonces que la hora para que el negro ocupara otro lugar en aquel concierto que vivía la Colombia recalcitrante nacida de la Revolución en Marcha, había llegado.

Aquella multitud vociferante, animada por la brisa fresca que llegaba del río Palo y por el aguardiente que corría a mares, se aprestaba a participar de un espectáculo insólito que debió causar un sentimiento de culpa en el propio candidato presidencial Eduardo Santos y su comitiva de auxiliares sofocados y displicentes, porque ese pueblo de miserables, ese pueblo de negros palenqueros y “huidos” de las haciendas de los Arboleda y los Mosquera, ese mismo hato de rebeldes que al ruido del cohete se alineaban en la plaza de los samanes igualmente gigantescos, con sus machetes listos para cualquier cosa, que no tenían agua potable en 1.938, ni la tendrían sesenta años después cuando su nieto estuviese haciendo el mismo recorrido para hacerse con la Presidencia antes de terminar el mismo siglo, que no tenían nada, ni luz eléctrica, ni colegios, ni grandes obras que mostrar….¡le entregaría ese medio día un árbol de cacao con treinta y tres mazorcas hecho en oro!

La joya que tenía unos diecisiete centímetros de altura, hojas que imitaban las de la planta y las mazorcas, todo hecho en oro de buen quilate, le fue entregada por las jóvenes más distinguidas de aquella sociedad de linajes arrancados a jirones de las guerras civiles. Santos respondió a los discursos citando los lugares comunes por donde todos transitamos en Colombia. Su discurso dejó la sombra de una pena…el eco de un dolor inexplicable.

Pero ni Eduardo Santos, ni los que le sucedieron a excepción de Carlos Lleras, entendieron el mensaje del árbol de cacao que envolvía los sueños de los negros! En sus ramas se resumía el respaldo unánime que brindaba un pueblo hambrientote Liberalismo que rechazaba erguido el llamado a la “desobediencia civil” que había hecho el “leopardo”Augusto Ramírez Moreno desde los micrófonos de la Voz de Colombia, como recuerda sesenta años después uno de los organizadores de aquel acto tan criticado desde entonces. Sus frutos simbolizaban lo que puede hacer la libertad en los hombres y cuanto puede alcanzarse cuando hay justicia!

Pero nada! Nada nos ha llegado! Solo la muerte donde pueda encontrarnos!

Para 1950 las tierras sembradas en cacao eran ya solo 6.000 hectáreas, en 1960 se contabilizaron 4.200 y la producción de cacao seco había disminuido de 6.000 a 888 toneladas. En 1970 las tierras sembradas en cacao eran inferiores a 1.000 hectáreas y hoy…”nos hacinamos 32 miembros sobrevivientes de la Federación de cacaoteros en 100 hectáreas” –confiesa con amargura Fabián López su vocero más obstinado-, para quien- “los últimos gobiernos “dizque liberales”, sobretodo el de Gaviria”, hicieron hasta lo imposible por acabar con el campesinado. Y casi lo consiguen”!!

Para los campesinos norte caucanos la historia del “árbol de cacao en oro que se le dió a Eduardo Santos”, está enmarcada en la interminable cadena de frustraciones que los ha llevado al escepticismo total de la clase política.

-“Gaviria llegó a la Presidencia sin la conciencia clara de lo que tenía que hacer. Los remordimientos que lo consumen son los que lo sacaron del país. Para nosotros…éste semillero de jornaleros que dejó enterrado en vida, lo tenemos por bien ido- agrega Fabián, sin importarle los logros y sabores de aquel mandatario.

Para Felipe Zapata, con las encallecidas manos que más parecen de tallador furtivo de máscaras ceremoniales, las desilusiones acumuladas en los años de abandono que a duras penas le permiten sobrevivir en su perdido rincón de Las Cosechas le han quitado el brillo de los ojos acostumbrados a la soledad de su platanera en las vegas del río Güengüé, pero una resaca de amargura hiela su sangre donde los buenos recuerdos empiezan a marchitarse.

- La plaga conocida como “escoba de bruja” acabó con nuestra solvencia y jamás respondieron a nuestras súplicas de ayuda, después los créditos infernales de la Caja agraria nos fueron quebrando. Y luego vino el desastre cuando nos metieron en el engaño de sembrar el cacao “ingerto” cuya producción no era comprada con el cuento de que parecía el cacao que se le robaban a los importadores del Ecuador. Y para terminar, cuando arrancamos el cacao nos metieron hasta por los ojos la bendita soya que nos trajeron los gringos del CIAT, que al poco tiempo no la compraban ni fiada…en fin! La mayoría se entregó. Embargados regalaron la tierra a los judíos para sembrar caña, porque no tenemos gobierno que nos respalde! Al paso que va el Liberalismo terminaremos respaldando un candidato conservador!!”-

Cuando venga Juan Manuel Santos a Puerto tejada – dice uno más proveniente de La Caponera- me gustaría que lo invitaran a la Casa campesina, para que vea en lo que quedó nuestra lucha: en mano de los Testigos de Jehová, cómo le parece carajo!!”

La clase política de Puerto Tejada perdió la dignidad, su orgullo y altivez de antaño. El pueblo sigue igualmente polvoriento y bullanguero aunque sin sus ceibas milenarias y cada vez más difícil de contemplar sin sentir una sensación de vacío, porque una raza que pierde la brújula de su identidad cultural pierde hasta las razones del corazón y después de eso solo Dios sabe lo que le queda por soportar a un pueblo!

(Publicado en “Occidente” 06.agosto de 1.995)

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“JAPIO: O LA GRANDEZA DEL VIEJO CAUCA”


“JAPIO: O LA GRANDEZA DEL VIEJO CAUCA”

Entre la nostálgica y señorial ciudad Confederada de Caloto y la reverberante Santander de Quilichao, serpentea hoy una magnífica carretera pavimentada bordeada por samanes jóvenes y alfombrados campos reverdecidos por la tecnología de la caña de azúcar; uno podría pensar en la quietud hirviente del medio día que el tiempo no transcurre bajo el exorcismo de las cigarras y que el Camino Real de entonces sobrevivió al polvo de los años con todo y su aura fresca de trapiches en molienda que hacen olvidar la abrasadora calígine. La selva ardiente y el tupido bosque tropical se convirtieron en pequeños guaduales que salpican como lunares en la piel del valle.

La gran casona de la hacienda de Japio se encuentra allí, como un barco encallado que logró sobrevivir a los embates de 400 años de exaltadas revoluciones, heridas de guerra y tizones de conquista. Su porte distinguido y único, recuerda las grandes mansiones de Luisiana y el halo misterioso que la rodea guarda la misma obstinación por permanecer impecable ante las ráfagas impenitentes de los tiempos modernos. Su presencia estoica al sur del valle del río Cauca, la fueron convirtiendo con el paso de los años en un insobornable testigo del encarnizado paso de los siglos XVIII y XIX en esta parte de la república.

Al caminar, por entre los arcos iluminados por una llama de magnificencia que parece brotar de su interior, las columnas de ladrillo y piedra traídas desde el río La Paila, en amable contraste se abren a unas gradas artísticas de ladrillos gigantescos por donde se asciende a un segundo piso soberbio desde donde se dominan todos los puntos cardinales: al sur, por sobre la estructura del antiguo acueducto elevado de la hacienda, las suaves colinas que guardan el camino a la capital del Cauca, la muy noble y leal ciudad de Popayán; al Oriente la erizada silueta de la cordillera central, cuna de mitos y cerco de indios, que oscila en recuadros azulados y verdes coronados al amanecer por el nevado del Huila y al norte y occidente, por entre las hendijas de los samanes, el valle abierto y feraz de los ríos Palo y Cauca en cuyas vegas organizaban sus palenques los negros “huidos” y cimarrones cuyos descendientes son los habitantes de Mingo, Caponera, Juan Ignacio, Güengüé, Puerto Tejada, Padilla y Guachené.

Japio fue y sigue siendo grandiosa. Tiene el perfume propio de un ser amable recién bañado y el agradable aroma de las hojas al madurarse. Al disfrutar de sus bondades se va impregnando en la piel su historia tormentosa y épica desde cuando se establecieron los primeros encomenderos de la corona española y los futuros hacendados de la región. Uno de ellos fue don Jacinto Arboleda, cuyos descendientes, Sergio y Julio Arboleda hicieron honor al rancio abolengo del cual provenían, explotando minas de oro en varios sectores de la gigantesca provincia y descuajando selvas sin importarles en absoluto el sudor de amargura de los indios y la piel calcinada de los esclavos que mantenían sujetos a su mando. Era el sino trágico que sucedía a la conquista de éstas tierras.

Las montañas de la parte alta de Caloto eran fuente de las ricas minas de oro de “Santa María”, así como las escarpadas rocas de Almaguer lo eran además de esmeraldas cuyas perdidas vetas han comenzado a reaparecer. Ante la necesidad de una mano de obra resistente, los españoles recurrieron a la importación masiva de esclavos de África Occidental. Quince millones de negros fueron traídos entre 1550 y 1887, cuando arribó el último de aquellos barcos a Santo Domingo, a pesar de que para entonces a lo largo y ancho de América soplaban vientos de libertad, con la fuerza incontenible de un huracán.

Entre los negros de las haciendas de Quintero y Japio, sus minas de Caloto, Timbiquí y el Chocó, los Arboleda sumaban cerca de 5000 esclavos, la mayoría de los cuales se terciarían el machete de las rocerías en bandolera de revolución y marcharían al lado de Bolívar, del español Tacón, de Obando, de López, o de quien quiera hablase el lenguaje abolicionista de la libertad. Japio sobrevivió a todos los embates de la revolución y las guerras de la independencia. A lo largo de aquellas tres décadas terribles de 1840 a 1870 permaneció ocupada, embargada, poseída tras fieras luchas o abandonada al final de los enfrentamientos, saqueada y vilipendiada por los caudillos de turno que tomaban como botín sus espaciosos salones, su acueducto centenario, la miel de los trapiches o el aguardiente de la destilería.

Hoy, toda la romántica y cruel historia de las haciendas del viejo Cauca Grande permanece celosamente protegida y en proceso de microfilmación en el Archivo Central del Cauca. Allí permanecen sus minucias diarias y sobresaltos permanentes: “-la ración que se entregará a cada esclavo adulto al terminar los oficios religiosos del domingo será de 24 plátanos, media arroba de carne, y un almud de maíz. Los niños y los que no trabajen recibirán la mitad de la ración”-.

Japio es el mudo testigo de cómo: -“Los patronos y mayordomos encerraban todas las noches a los esclavos en sus cabañas, las cuales estaban amontonadas en un campamento cerca de la gran casona. Las patrullas y el toque de queda eran permanentes. Ningún esclavo podía salir del área de confinamiento sin un permiso especial, ni siquiera los días de fiesta y eran castigados si tomaban trago”. El temido cepo, lugar donde se cobraban los latigazos a los rebeldes, “huidos”, ladrones y fornicadores, sobreviven como una tumba donde la sangre escribió la huella de ignominia de una época dolorosa. Por ello cuando al amanecer los ancianos negros del Crucero de Gualí o La Dominga o El Guásimo escuchan el mugir de las vacadas y los gritos de los vaqueros, sienten que un sopor de agonía les devora el alma llena de contradicciones porque en ese entonces solamente la Divinidad podía aliviar sus males, pero hasta Dios guardó silencio y ese silencio de Dios era la más terrible de todas las condenas.

(Publicado en “OCCIDENTE” el 22.05.1994)
lunes, 21 de abril de 2008 7 comentarios

EL ULTIMO MANDINGO


DE SU VITALIDAD LEGENDARIA SE TEJEN TODA SUERTE DE HISTORIAS QUE EL SOBRELLEVA CON HUMOR, LO CUAL NO LE IMPIDE MANTENER LA INCOGNITA DE SU SECRETO MEJOR GUARDADO

La cacería de negros duró más de doscientos cincuenta años desde 1.600. Hasta mediados del pasado siglo, barcos de piratas insaciables y traficantes sin escrúpulos asolaron las costas de África Occidental, penetrando en Senegal, Guinea Bissau, Zambia, Sierra Leona, Costa de Marfil, Ghana, Nigeria y Angola, cuando apenas eran esbozos de naciones organizadas. Pueblos enteros que habitaban a lo largo de los ríos y en las sabanas que hacían parte del Gran Imperio Malí, fueron diezmados por bucaneros Ingleses, buhoneros Españoles, piratas Portugueses, corsarios Alemanes y filibusteros de Holanda, quienes comerciaban de todo pero fundamentalmente hombres, ya fueran Ashantis, Fautis, Yorubas, Ibos, Walofs, Fulanis o Mandingos los cuales eran traídos al otro lado del mundo, a un mundo nuevo de tierras feraces donde la justicia era virgen y la codicia sin límite marcaría un hito insuperable en la historia. Cuando lograban sobreponerse a la travesía del Atlántico los negros eran vendidos en los principales puertos de América: Baltimore, Savannah, New Orleáns, La Habana, Santo Domingo, Panamá o Cartagena de Indias. Gracias a una prodigiosa tradición oral que no lograron borrar los infortunios y vejámenes acumulados, se puede reconstruir el recorrido sin nombre desde las márgenes del río Casamance al sur de Senegal hasta las playas del río Palo en Puerto Tejada al norte del Departamento del Cauca de un descendiente de aquellos grupos que sobrevivieron a la hecatombe de la esclavitud, movido por el orgullo atávico y el instinto indómito de lucha que distingue el linaje de lo Mandingos.


Esta es la historia de uno de ellos… ya que muchos de sus antepasados no tuvieron la suerte de dejar testigos para contarla.

Sabas Casarán es un negro inmenso de unos ciento ochenta y cinco centímetros a quien los tiempos no logran doblegar aún, pese a sus ya casi noventa años de edad. De su vitalidad legendaria se tejen toda suerte de historias que él sobrelleva con un humor perfecto, lo cual no le impide mantener viva la incógnita de su secreto mejor guardado.

La nobleza de su raza se percibe en parte por su mundo pleno de elaboradas mitologías y tradiciones tribales y en parte por la señorial dignidad con que ejercita una prodigiosa memoria escondida bajo la piel achocolatada y las canas brillantes a la primera hora de la tarde.

Vive con sobriedad, sin importarle los rasguños del qué dirán, por su fama de hombre acomodado. Los muebles recuerdan viejos robles y nogales de mediados de siglo, en el cuarto de los chécheres cuelga una silla de montar y permanece atracada una canoa de cachimbo que pertenecen al pasado glorioso del Norte del Cauca, cuando la bonanza del cacao.
Las manos gigantescas de tallador de máscaras ceremoniales por un instante me hacen recordar de sus antepasados “nyamkala” africanos.

-“El abuelo de mi abuelo, José Joaquín Casamans ( el apellido se fue transformando con el tiempo) fue comprado en Cuba por el Ingeniero Eastman Gardner quien lo llevó a trabajar en las minas de El Zancudo y Marmato en la Provincia de Antioquia. Eso fue a fines de 1.795- recuerda sin resentimientos- “Posteriormente fue adquirido por Don José María Mosquera, el papá de Tomás Cipriano, y traído a sus minas de oro en las cercanías de Buenos Aires, Cauca”

Sabas humedece los labios y con sus ojos profundos taladra mi asombro por la detallada precisión de su narración.

-“Allí nació nuestra relación con los Mosquera y los Iragorri, con los que terminamos emparentados”- agrega con media sonrisa que no logro definir. En el trasfondo del diálogo me parece escuchar el gutural lamento de un “blue” a la manera de Ella Fitzgerald, porque cada frase pronunciada con su voz grave de barítono retirado, tiene el encanto de una danza ritual y la musicalidad de las palabras guarda aquel mismo tono bajo y enronquecido del inolvidable Louis Armstrong.

-“Mi bisabuelo Leonardo Casaran Golú, fue un liberto que alcanzó a establecer las condiciones para que la familia pudiera vivir con dignidad”-afirma con ademán pausado. Luego hace referencia a valores desconocidos pero vigentes sobre la feroz y titánica lucha que libraron los negros en América. Explica como combatieron los Patinaos del Cauca y los negros de Barlovento en Venezuela a favor de Fernando VII porque los generales españoles les prometían a cambio la abolición de la esclavitud. Mientras le escucho caminamos por los corredores de la casa y desde el fondo del patio, la puerta de la calle entreabierta me permite observar el paso de mujeres esbeltas con turbantes multicolores y collares de fantasía. Siento que África vive aquí en este pueblo de calor sofocante y calles polvorientas, donde vendría mejor una túnica de lino blanco que un estrecho pantalón de dacrón.

-“En 1844 nació en el mismo Buen os Aires, mi abuelo Isidro Casarán. Fue eterno amigo de los negros que “peliaron” en todas esas guerras civiles del siglo pasado. A muchos de ellos los conocí siendo niño y todavía se les sentía el olor a pólvora en los bigotes quemados –refiere con seriedad- “Y a todos esos negros que llegaban de la guerra, los esperaba la explotación de su fuerza de trabajo en el impuesto de terraje que cobraban los grandes hacendados, porque no había selva que descuajase un negro que no tuviera dueño!”

Reviví en la imaginación el “camino de los esclavos” con sus puentes españoles de arcos inverosímiles que enmarcan la autopista que va de miranda a Corinto, Caloto, y Santander de Quilichao, donde envejecen los caserones coloniales de la haciendas de Japio, Pílamo, García Abajo y Quintero, sus cepos erizados de recuerdo infernales, las bateas milenarias y los hornos de fuego donde hervía el sudor de esa raza envilecida por el color de su piel y por razones de la historia.

-“Y así hicimos estos pueblos! Hicimos fincas. Convertimos este norte del Cauca en lo más rico del país y los barcos llegaban a cargar nuestra producción de caco, café, oro y maderas. Así sucedía hasta 1.924 cuando subía el vapor “caldas” hasta San Julián (la Hacienda de), cargaba en Puerto Tejada, Puerto Mallarino y bajaba hasta La Virginia. Era los días martes…”

Sabas se torna nostálgico al evocar la grandeza del pasado, cuando a la bonanza económica del negro se sumaba una gran presencia espiritual.

-“Estuve cinco meses y catorce días en el frente de guerra con el Perú en 1934 y ascendí hasta el grado de Sargento Viceprimero. Me entregaron el puesto de La Tagua y cumplí con mi deber!” – Ahora su voz adquiere un vigor inusitado y sarcástico- “Pero de toda esa lucha y de recorrer a Colombia, llegué a la conclusión de que estamos muy mal repartidos, carajo!!” –Sonrío, porque todo el tiempo le he escuchado vocablos fuertes dichos en un tono respetable que les liman cualquier asomo de vulgaridad-.

-“El negro fue solidario hasta 1940” –afirma de pronto, cuando lo interrogo sobre las perspectivas de su raza y su departamento- “Desde entonces ha deformado sus ideales y valores hasta ver en lo que está convertido hoy. –se refería al último episodio electoral-. “Con raras excepciones del pasado, Natanael Díaz, Alejandro Peña, Marino Viveros, estos muchachos de ahora en su mayoría andan detrás de la alforjas de Sancho Panza!!”

El anciano caudillo guardó silencio largo rato y comprendí que deseaba permanecer a solas. Decidí que ya sería en otra oportunidad cuando le robaría tiempo a su escaso tiempo, para averiguar por el simbolismo mágico escondido en tantos objetos sin nombre que adornaban las paredes de la fresca casa de Puerto tejada, donde me había recibido.

(OCCIDENTE domingo 10 de abril de 1994)
 
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