martes, 13 de enero de 2009 0 comentarios

Klazz Brothers - Classic meets Cuba (Symphonic Salsa) (2005)







Imaginen ustedes a Johan Von Strauss descendiendo de un coche arrastrado por caballos que se detiene ante las blanquísimas, voluptuosas, incitantes playas de Varadero, bajo ese sol nítido, abrasador del caribe, sometido a los vaivenes de la brisa que le llega de un mar multicolor con todas las tonalidades imaginables del lapizlázuli hasta el aguamarina. Primero lanzaría lejos el sombrero de copa, el sacoleva sería inconcebible; la bufanda y las altas botas igualmente desechadas. Entonces su imaginación, sublimada por esa constelación indescriptible de la naturaleza, solo podría escribir notas en compases de dos por cuatro en los que se desatan las sensualidades del son y el bolero montuno, ya que solo al amanecer, junto a las palmeras y la cercana luna volvería a pensar en las tesituras reprimidas de sus valses originales.




Algo similar acontecería con el inquieto Wolfgang Amadeus, correteando feliz por las callejuelas de Trinidad o intrigado frente a las mágicas invocaciones de los babalaos de Guanabacoa. ¿Podría sobrevivir a ese embrujo tropical sin componer un alegre mambo? De Piotr Tchaikovsky cualquiera cosa podría esperarse y hasta del sentimentalmente volátil Johan Von Fiederich Chopin cambiando sus Polonesas por alegres camadas de Cubanas. Este duo de geniales compositores, enfundados en vistosas guayaberas, de vacaciones por el Caribe verían transformarse sus delicados valses junto a fantásticos lagos, en melodías más cercanas a la realidad de los sentimientos humanos que se viven en esta parte del Universo.




La creatividad de todos estos monstruos sagrados: Mendelsohn, Liszt, Bizet, y en especial del genial Juan Sebastián Bach, se rinde ante la fantasía de la naturaleza latinoamericana y se transforma en una cosmogonía melódica de dimensiones desconocidas. Los temas así expresados constituyen la respuesta a los interrogantes que siempre nos hicímos cuando escuchamos a los clásicos de los rítmos cubanos: ¿Qué diría cualquiera de los grandes maestros si supiera lo que hacemos con los violines, el piano, las trompetas y la batería? (spadelosoidos.blogspot.com)




Texto escrito por José Ramón Burgos Mosquera de http://www.croniquillas.blogspot.com/ para El Spa de los Oídos.






Lista de Canciones:



1. Cuban Sugar (P. Tschaikowsky, Nußknacker Suite Danse de la Fée Dragee)
2. Mambozart (W.A. Mozart, Sinfonie Nr. 40 g-Moll)
3. El cisne triste (P. Tschaikowsky/F. Chopin, Schwanensee, Trauermarsch)
4. Hochzeitsmarsch (F. Mendelssohn, Hochzeitsmarsch)
5. Salsa V (L. van Beethoven, Sinfonie Nr. 5 c-Moll)
6. Cuban Danube (J. Strauss, Jr., An der schönen blauen Donau)
7. Sueno d'amor (F. Liszt, Liebestraum)
8. Habanera en Habana (G. Bizet, Carmen Suite)
9. Kubanischer Tanz (J. Brahms, Ungarischer Tanz Nr. 5 g-Moll)
10. Der Mond ist aufgegangen (Volkslied)
11. Kubanischer Marsch (Mozart, Türkischer Marsch)
12. Salsaria (J.S.Bach, Air BWV 991 c-Moll)

Croniquillas
domingo, 11 de enero de 2009 7 comentarios

Orq. Serenata Tropical - Rumbas Solamente Rumbas (1967)



Mientras en Norteamérica la música del "Ragtime" daba tránsito a las más gratas expresiones del Jazz en todas sus múltiples cadencias y por otra parte aparecían las grandes Big Bands a la manera de Glen Miller y Don Costa, Latinoamérica abría los horizontes de la magia latina con expresiones únicas, rítmicas, contagiantes con orquestas de la majestuosidad de Machito, Xavier Cugat, Dámaso Pérez Prado, Beny Moré y otros, quienes hicieron la década del cincuenta memorable e inolvidable. Faltaba darle una categoría de iguales dimensiones al más latino de los ritmos: el bolero. Es cuando aparecen los grandes directores mejicanos, cubanos y diferentes orquestas, entre las cuales ocupan un lugar excepcional la Orquesta Serenata Tropical y Los Románticos de Cuba.

Durante los años sesenta, la Orquesta Serenata Tropical impuso su inmensa calidad interpretativa vistiendo de etiqueta "Rumbas solamente Rumbas" en dos volúmenes, "Boleros solamente Boleros", "Tangos solamente Tangos", "Tropical solamente Tropical", en fin: llenó la copa de los melómanos del mundo con una verdadera coctelera musical, donde los violines, los saxofones, el piano y las trompetas, terminan siendo conducidas con una exótica clave que guarda un delicioso sabor a trópico y a cálido encuentro con la felicidad. (spadelosoidos.blogspot.com)

Texto escrito por José Ramón Burgos Mosquera de http://www.croniquillas.blogspot.com/ para El Spa de los Oídos.

Lista de Canciones:

Vol. 1

1. Negra consentida
2. Para Vigo me voy
3. Cachita
4. Maria La O
5. El Manicero
6. Serenata
7. Lamento Borincano
8. Caravana (Caravan)
9. Vereda Tropical
10. Frenesí
11. Poinciana
12. Rumba del Principe Igor

Vol. 2

1. Aquellos ojos verdes
2. La novia
3. Las mañanitas
4. Nunca jamás
5. Cubanacan
6. Noches de musco
7. La violetera
8. Tres Palabras
9. Amapola
10. Begin the beguine
11. Tú me acostumbraste
12. Cuando calienta el sol
13. Las hojas muertas
14. Perfidia

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The Best of Bond... James Bond (2008)



Ian Fleming, un respetable caballero al servicio secreto de su Majestad, comenzó a ser conocido en el mundo después de aquel terrífico 22 de noviembre de 1963, cuando algún curioso cronista, refirió que en la mesa de noche del asesinado presidente Kennedy, se hallaba una colección de las obras que inmortalizaron al escritor inglés. No podría imaginar que estaba abriendo el cofre de Pandora de la cinematografía moderna, al iniciar la mítica cultura que rodea desde entonces a todo lo relacionado con "Bond. James Bond".

Fué Bond quien tuvo la osadía de poner a caminar con swing y cadencia únicas, épocas tan disímiles como las que representan Louis Armstrong, Shirley Bassey, John Barry, Sheena, Tina Turner, Matt Monro, Madonna, Nancy Sinatra, The Bee Gees, Paul Mc Cartney, Tom Jones, Gladys Night y Garbage.

De Bond heredamos esa frenética pasión por disfrutar lujos exhorbitantes, visitar sitios increibles, alcanzar mujeres inaccesibles, vivir aventuras fastuosas y el advenimiento de la última moda y tecnología, ya que él se adelantó varias décadas mostrándonos todos los artilugios que hoy hacen parte del diario vivir. Para los melómanos Mr Bond no fué menos espléndido: cada instante de la existencia tiene un ritmo y un sonido que lo hacen más brillante. De tal manera que Harry Saltzman y Albert S. Broccoli pueden descansar en paz. Ah...y John Barry y su orquesta, gracias por toda esa maravillosa sensación de plenitud que nos dejaron impresa en la imaginación. (spadelosoidos.blogspot.com)

Texto escrito por José Ramón Burgos Mosquera de http://www.croniquillas.blogspot.com/ para El Spa de los Oídos.


Lista de Canciones:

1. James Bond Theme - John Barry & His Orchestra
2. From Russia With Love - Matt Monro

3. Goldfinger - Shirley Bassey

4. Thunderball - Tom Jones

5. You Only Live Twice - Nancy Sinatra

6. On Her Majesty's Secret Service - John Barry & His Orchestra

7. We Have All The Time In The World - Louis Armstrong

8. Diamonds Are Forever - Shirley Bassey

9. Live And Let Die - Paul McCartney & Wings

10. The Man With The Golden Gun - Lulu

11. Nobody Does It Better - Carly Simon

12. Moonraker - Shirley Bassey

13. For Your Eyes Only - Sheena Easton

14. All Time High - Rita Coolidge

15. A View To A Kill - Duran Duran

16. The Living Daylights - A-Ha

17. License To Kill - Gladys Knight

18. Goldeneye - Tina Turner

19. Tommorow Never Dies - Sheryl Crow

20. Surrender - K.D. Lang

21.The World Is Not Enough - Garbage

22. Die Another Day - Madonna

23. You Know My Name - Chris Cornell

24. James Bond Theme - John Arnold

Croniquillas

jueves, 8 de enero de 2009 0 comentarios

LA SANGRE DE DAVID (FRAGMENTO II)



- Comprendo cuánto debió costarte disparar a un hombre por primera vez -dijo exhalando el humo del Kent.

- Fue como dispararme a mí mismo -respondió Remi tomándose el rostro con las manos.

Ocupaban las sillas de mimbre esparcidas en el corredor posterior de la quinta. Cerca de allí el rumor casi perdido de la quebrada, continuaba su rumbo rodeando los ramilletes de bambúes amarillos, refrescando la noche.

- Para mí fue como un alivio. Temía que el arma no hiciera fuego; que yo misma no fuera capaz de hacerla funcionar. Era una pistola Astra Cub de 6.35 mm con cachas de plástico de las fabricadas en Guernica y comprada por mi padre a algún turista vasco en Jerusalén. Los vascos, los eslavos y los árabes siempre nos hemos entendido. Somos solidarios, quizá porque nos reúne el mismo sino trágico de la existencia. Nos identifica además la misma tendencia absurda a dividirnos porque amamos tanto la libertad que terminamos convertidos en anarquistas por naturaleza. Y bien – continuó - En aquella época vivíamos en Lidda. A comienzos del año cincuenta. Hacía dos años de la guerra. Los judíos invadieron como langostas a Palestina. Llegaban de todas partes del mundo y en todo tipo de vehículos, preparando lo que después sería la más repugnante carnicería de nuestra gente. Mis padres habían perdido su pequeña parcela en las afueras de Lidda para dar paso a una de los incontables kibbutz de judíos, quienes comenzaron por cambiar el nombre de nuestra ciudad por el de Lod, como aparece hoy en los mapas de Israel; miles de nuestros refugiados que fueran desplazados a punta de fusil de sus tierras ya hacían parte de uno de los grupos de expatriados que clamaban venganza desde los campamentos en Jordania, Siria y Líbano. Para mis hermanos y para mí que entonces contaba con siete años de edad, era apenas un motivo de curiosidad el descubrir que nosotros permanecíamos en nuestra casa del centro y que el almacén de abarrotes de mi padre había sobrevivido a la hecatombe. Miles sucumbieron a los bombardeos o al desalojo violento que hacían los terroristas del Irgun israelí, el más cruel de todos los grupos terroristas que he conocido. Algunos sobrevivientes, aquellas pocas personas de Lidda que habían logrado a fuerza de súplicas o sobornos permanecer, así fuera temporalmente en sus hogares, nos miraban con recelo y en el fondo, con un odio explicable ante la frialdad con que mi padre permanecía en su negocio.

- Alguna noche, mientras dormía en el cuarto cercano a la tienda, me despertó una agria discusión en la cual mi padre era severamente enjuiciado por tres de sus antiguos amigos. Le gritaban cosas horribles como:

- “Sionista! Sionista! Has vendido tu sangre! Has traicionado a tu raza! Eres otro judío! Perro judío! Que Alá maldiga tu descendencia!”.

- Yo espiaba, aterrorizada, sin poder gritar. Observé como el miedo se apoderó de mi padre quien suplicaba que no lo mataran, que todo lo había hecho por sus hijos aún pequeños, que gustoso contribuiría en el financiamiento de la “riyad”. Pero los asesinos no esperaron a que terminara sus ruegos sino que le apuñalaron en el abdomen. Busqué bajo su almohada hasta descubrir la pistola que afortunadamente estaba cargada, pues aunque había observado como disparaba en varias oportunidades y sabía con certeza que debía bajar la palanquita del seguro y halar la corredera hacia atrás, aún me sentía incapaz de introducir el cargador en la recámara. Me subí hasta un asiento que permanecía junto al cajón del dinero desde donde mi padre dirigía sus ventas y chillé con todas las fuerzas que pude reunir:

- “Déjenlo!”

- Para ese entonces mi padre gemía moribundo y lo estaban levantando para robar el dinero que cargaba adherido a su piel. Me miraron con sorpresa y uno se dirigió hacia donde yo estaba, gritándome que le entregara el arma. Yo pedía con todas las fuerzas de mi alma que la pistola disparara…pero no fue hasta encontrarme con los ojos de rabia con que aquel hombre se me acercaba, que pude oprimir el gatillo! No me asustó el estruendo que hizo el disparo sino el grito que emitió al desplomarse herido de muerte, no sé en qué parte, porque al instante los demás huyeron sorprendidos por el resto de disparos que salían del arma sin control en mis manos… Mi padre murió unas pocas horas después en el hospital de Jerusalén y yo fui conducida hacia una tierra que aceptó ser mi nueva patria: un campamento de refugiados en la margen derecha del Jordán. De ello ya han transcurrido cerca de veintiocho años y como puedes ver el bautizo con que fui iniciada en la lucha no pudo ser peor. Así fue como crecí en esa ambivalencia: una secreta seducción y desprecio por las armas y un odio feroz por los judíos.

Leyla hizo una pausa. Se había agitado con los recuerdos. Un tenue brillo de sudor perlaba sus sienes. Había encendido un nuevo cigarrillo que aspiraba con fruición. Remi sirvió una cerveza para acompañar su relato, se hundió en la silla y siguió aquella confesión con serena complacencia, disfrutando a plenitud el puente de intimidad establecido entre ellos. Era una oportunidad inigualable de conocer la mujer que se escudaba con frecuencia tras los lentes ahumados, en la rigidez de su postura política y militar, y la intransigencia sólida con que mantenía la disciplina interna.

- Mi infancia estuvo oscilando entre la justicia de ese disparo, hecho para defender a mi padre, y el reconocimiento de su carácter reaccionario -_continuó Leyla-. Sin embargo, al recordar las redadas que efectuaban los soldados israelíes de Ben Gurion y aquella loba del desierto que fuera Golda Meir, su aparición repentina esculcando, destruyendo todo y amedrentando con sus fusiles a mis hermanos de raza, fue despertando en mí una clara conciencia de cuál sería mi destino final.

- Qué sucedió después? - inquirió Remi con genuino interés.

- Bueno, nos trasladamos a Gaza y conocí el mar. Pero lo primero que aprendí en el campo de refugiados, era que no tenía patria. Los niños en esos territorios crecemos mirando con rabia a nuestro derredor. Pese a la hospitalidad con que fuéramos recibidos, éramos unos extraños en nuestra propia tierra, y las personas que la ocupaban, aquella gente que en nombre de la justicia nos había echado, eran nuestros enemigos. Y los enemigos eran los judíos.. …

Había un aire de ilusiones infelices que a Remi se le antojaron barnizadas de aquel tufillo milonguero de los arrabales que exhalaban los tangos a los que era tan adicto. La sintió arrastrarse entre espinas, herida en el alma por el mundo de dolor y traiciones al que había sobrevivido. Y entonces comprendió por qué a Leyla le era tan difícil amar. Cuál era el peso de aquel fardo inasible que nada parecía importar al mundo. Sintió que una ternura sublime le erizaba la piel, pese a que era inevitable sentir, con cada palabra que pronunciaba, que tal vez jamás lograría ser el único dueño de su ser.

- El planeta jamás comprenderá cuántas infamias cometieron los judíos con nuestro pueblo. Cómo trataron de exterminar nuestra cultura; cómo intentaron doblegar nuestra dignidad y todo vestigio árabe que sobreviviera a su paso por nuestras casas y calles. Inventaban asaltos para justificar los bombardeos que siguieron haciendo hasta hoy, y el mundo occidental, presa del complejo de culpa que heredaron del fascismo y el nazismo, consumidor masivo de las noticias que ellos producen en sus UPI y demás agencias internacionales de noticias, sigue rindiendo culto a los débiles de siempre, los “mártires de la historia”!- El desalojo de los diez mil habitantes de Lidda en 1948, su destierro y el genocidio de miles de ellos, es uno entre los centenares de crímenes de lesa humanidad que ha cometido Israel contra nuestro pueblo. Deberías conocer las memorias de George Habash, quien nació allí y pudo ver con sus propios ojos esta ignominia y sin embargo han vendido al mundo la imagen de que es “el médico de la muerte”, por su postura indeclinable contra el sionismo!””

Leyla había subido el tono de voz. Parecía que de su interior brotaba un coro de danzas milenarias, de dátiles y flautas mágicas, incubadas con la fuerza del sol en las perdidas y lejanas dunas donde su resplandor y la arena tenían su propia lengua de fuego. Ahora, los finos rasgos de aquella cálida feminidad exhumaban un coraje que le hacía temblar la barbilla, humedecida por el sudor

- Durante mis estudios secundarios en Amman, ocurría que los estudiantes de origen palestino éramos vistos con igual desdén. Los árabes muy pronto olvidaron que tenemos un destino común, porque aquí y allá, los parientes pobres permanecíamos distanciados, hacinados en una especie de ghetto, hecho más para espiar nuestras actividades que para apoyar nuestra causa. Una turba de “alacranes”, -así los llamábamos- mantenía un ambiente hostil contra nosotros. Era una guerra subterránea que nos acosaba, haciéndonos la vida imposible. Mis hermanos eran militantes activos de un grupo proletario juvenil, que con los años se convertiría en Al Fatah, a pesar de que mi padre había logrado guardar una modesta fortuna en El Cairo, a la cual solo podríamos acceder con la mayoría de edad. Pero es que para nosotros, la lucha era y sigue siendo una necesidad vital, una guerra de liberación nacional!

- A finales de julio del cincuenta y uno se produjo el asesinato de Abdullah, padre de Hussein, y aquel grupo del cual hacían parte, fue de alguna manera involucrado en el atentado, ya te puedes imaginar por quiénes. Atartuk el mayor, fue asesinado por un comando militar, mientras participaba en aquellas reuniones que buscaban organizar la resistencia y dirigir los primeros brotes de insurgencia palestina contra la ocupación judía. Solo con los años los jordanos, y en cabeza del propio Hussein, comprendieron que a los únicos que podía beneficiar el asesinato de Abdullah era a los judíos…y claro a los americanos.

Repasaba en su memoria aquella historia triste y lacerante con un dejo de amargura inevitable. Su voz era un hilo, tensado a veces por los sentimientos infundidos, que unía los hechos en un tejido denso, hiriente, entrañable. De pronto el relato adquiría el tono histriónico de una perorata, cuando hacía mención a las injusticias soportadas, los éxitos aparentes, las derrotas reales. Entonces encendía un nuevo cigarrillo, miraba más allá de las sombras, hurgando en una soledad tan cercana como su propia soledad y dejaba que el sentido común, curtido por los años, mostrara sin sonrojos las cicatrices escondidas.

- Lo demás es historia reciente. Lo viviste en nuestro primer viaje a Beirut agregó-. La Universidad, la organización de la rama Libanesa de la OLP en mayo del sesenta y cuatro… mis primeros ingresos a la cárcel en Beirut por pedreas a la embajada americana… en fin… Estuve bastante desorientada política y militarmente hasta cuando conocí a George Habash, su esposa Hilda con quien formamos el FPLP en compañía de Waddied Haddad y un grupo de rebeldes ante la pusilanimidad de Arafat y su gente. Dejamos de botar corriente con el cuento de la República Árabe Unida, donde se encontraban los intereses más contradictorios e insólitos que te puedas imaginar y desde entonces nos declaramos marxistas leninistas. ¡Soñábamos con una guerra inmediata! Queríamos estar en la vanguardia de la recuperación de nuestra tierra! Y George canalizó toda nuestra impetuosidad dándonos el entrenamiento militar que pedíamos. La oportunidad de efectuar las primeras incursiones en territorio enemigo. “Jugábamos al héroe!!”-

Remi sonrió. Para un latinoamericano de hoy, las noticias de los genocidios colectivos, las masacres de pueblos enteros como Sabra y Chatila, las hecatombes en que sucumben centenares de seres distantes, apenas tienen un interés anecdótico. Y sonrió con amargura al comprender el enorme poder alienante de las noticias perdidas en la página internacional de los periódicos. Aquellos recuentos escuetos de un drama diario que centuplica el dolor de las penas locales. Unas angustias tan pequeñas comparadas con el dolor sin límites que padecía aquel pueblo hermano del otro lado del mar…

En su mirada brilló una vez más el resplandor de la amarilla turbulencia del Jordán, el río eterno de los semitas, tan exacta a la del río Palo, el pobre río de los camitas, cuando transita frente a Puerto Tejada, agonizantes ambos, envenenados por la misma infamante, apocalíptica contaminación; putrefactos, moribundos. Habitados por la misma clase explotada inmisericordemente por los judíos. Porque ahora ellos estaban aquí, utilizando todos los recursos a su alcance para alimentar el poder que esgrimían al otro extremo de la tierra.

- ¿Cómo pudimos demorarnos tanto en descubrirlo? –se escuchó preguntar sobresaltado- ¡Israel es un fenómeno colonialista; el colonialismo es un fenómeno imperialista!! –reafirmó- Demoré varios días con la idea en la cabeza, buscando cómo presentarlo a nuestro pueblo de manera que le fuera asequible! Y mira en lo que estamos!...

- No te extrañe. Yo misma, que he soportado toda la vida el peso del imperialismo judío, demoré treinta años en aceptar que la guerra contra Israel debía cambiar de escenario. Fuera de obtener las ventajas de la internacionalización logrando un apoyo efectivo en el resto del mundo, supe que jamás triunfaríamos si no golpeábamos a los sionistas en sus fuentes de abastecimiento dispersas en el mundo occidental y además arrebatarles la aureola de víctimas con que estampan su imagen en el mundo. Nosotros también amamos la vida! ¿No imaginan cuánto nos duele el sacrificio de uno de nuestros mártires, adolescentes aún, cuando se inmola para llamar la atención del mundo por nuestro derecho a una patria igualmente libre?... Por supuesto que cuando fuimos enviados a coordinar la lucha en el Frente sur de América, que parecía ser el menos difícil, no imaginábamos el impresionante poderío de las inversiones judías en cada país latinoamericano…Sabíamos que dominaban la economía de los Estados Unidos donde sería más difícil actuar. Pero fíjate, en Colombia su dominio se extiende del comercio a la Bolsa de valores, monopolizan el papel, las artes plásticas y tipográficas, incluyendo el mercado nacional de libros, la industria azucarera les pertenece, las fábricas de equipos electrónicos y los grandes hipermercados del sector de la construcción son de su propiedad, el contrabando de joyas, oro, esmeraldas…los derivados del petróleo y hasta el comercio clandestino de armas!!


- Y eso que no has mencionado los Fondos de Inversión, las Corporaciones de Ahorro y Vivienda, y hasta parte de Empresas Promotoras de Salud…mejor dicho, son los dueños de la especulación legalmente organizada! -masculló con rabia Remi.

Mientras continuaban haciendo el balance de sus propias convicciones se acercaba la hora crucial de abandonar el refugio para contactar con Farid y Addla, la instructora de base que hacía los estudios socioeconómicos en el norte del Cauca. Les esperaba la más dura prueba hasta entonces: desencadenar la primera invasión de tierras por más de ocho mil trabajadores de la industria azucarera en Puerto Tejada, el pueblo escogido por Dios para padecer la más degradante descomposición social en beneficio de los intereses de la Sociedad Hebrea, representada por Moshe Rabinovich. De las escaramuzas iniciales a la guerra frontal. Esa era la consigna!

sábado, 8 de noviembre de 2008 0 comentarios

Fiddler on the roof - Tradition-

jueves, 2 de octubre de 2008 0 comentarios

EL RETORNO DE TIROFIJO



EL RETORNO DE “TIRO FIJO”

SI CUAJA LA POLITICA DE PAZ DEL ACTUAL GOBIERNO EL COMANDANTE GUERRILLERO MANUEL MARULANDA VELEZ, PEDRO ANTONIO MARIN O “TIRO FIJO”, VENDRIA A CONOCER LOS MEDIOS DE PRODUCCION SOBRE LOS CUALES LE TEORIZARON DURANTE CUARENTA Y CINCO AÑOS DE PEREGRINAR POR LAS SELVAS DE COLOMBIA.


-“Entre ustedes los de la ciudad y nosotros los del campo existe una montaña que nos impide vernos y hablarnos”- insistirá en decir, con el mismo gesto inexpresivo que guardan sus facciones inacabadas de moldear, pese al trabajo inexorable del tiempo.

Introvertido, duro, calculador, malicioso, precavido y sencillo como aún lo siguen siendo los campesinos del Viejo Caldas y Norte del Valle, de Génova y Ceilán donde nació y se crió, Pedro Antonio Marín, el Comandante Manuel, Jefe de Jefes de Estado Mayor de las FARC, regresará a la civilización tras su largo periplo de casi medio siglo de guerrear contra el Estado Colombiano.

-“La guerra es otra forma de hacer política”- confesó con serena convicción a Arturo Alape, quien aprovechó los escasos respiros de la última tregua para continuar su intermitente reportaje de dos décadas condensado en sendos libros de obligada relectura por éstas épocas.

-“Quiero ver cómo es eso de los medios de producción”- agregó, hablando sin odio, sin más retaliación que la amargura que rezuma el sobrevivir a una lucha tenaz, solitaria y alucinante que ya casi cumple cincuenta años. Lo dijo el mismo hombre que ha movido a centenares para destruirlos, en una hoguera que se extendió a lo largo y ancho de un país que asistió atónito a esa descomunal confrontación entre el rencor y el olvido.

Para cuando la paz se aclimate, cuando el proceso cobre su propio impulso vital, el Alto Comisionado para la Paz, antes que mencionar justicia, reparación y verdad, dará sus pasos con la lúcida visión conque escribió Dante:

-“Debemos evitar disgustos a Dios y también a los enemigos de Dios”-

Seremos los testigos excepcionales de un hecho histórico que volverá añicos la vieja tabla de valores con que se manejó la guerra civil no declarada que padece Colombia desde los albores del siglo XX; un jefe guerrillero que se envejeció soñando con un mundo diferente de éste mundo, que figurará en la hoja sepia del libro de records de la intolerancia humana, como el más veterano y también como el último en enterarse que luchaba en un país diferente del forjado por él en los rescoldos de sus sueños.

Mientras recorran los altos hornos de las siderúrgicas, la línea sin fin de grandes textileras, la industria manufacturera, cervecera, metalmecánica, farmacéutica, petroquímica, en fin, cuando sus ojos brillantes aún pese al halo senil que ha empezado a cercarlos descubran la dinámica con que se mueve Colombia hoy, la poderosa combustión ideológica que mueve la juventud universitaria, la pujanza y coraje con que la mujer ha asumido su papel en las relaciones de productividad y compruebe las dimensiones que ha adquirido su autonomía espiritual, el Comandante Marulanda se dará cuenta que nada de esto se parece a las quebradas tumultuosas del cañón del río Duda, la húmeda sofocante atracción de las selvas del Guayabero o la taciturna soledad imantada de presagios del Páramo de Sumapaz.

La contaminación del medio ambiente en zonas como Yumbo o Bosa, se le antojará más asfixiante que la neblina del Páramo de Las Hermosas o el de Santo domingo, o de las madrugadas en el Orteguaza. El arrume de toneladas de cemento le recordará cuanto tardó en aceptar que ese mineral era una peligrosa arma estratégica que ayudaría a escalar la guerra a niveles inimaginados, convirtiéndola en una despiadada lucha de carteles. Eso mismo le había permitido comprobar que la moral de los Gringos era tan laxa que para ellos el narcotráfico era tan solo el mejor pretexto para mantener su bota asentada en la conducción de la misma guerra. Eso mismo le había limado los iniciales prejuicios con que miraba el ingreso de la Guerrilla en el negocio de las drogas. Se sentía emparejado en ese juego de doble moral.. Sin embargo, nada le impedirá concluir con su habitual suspicacia:

-“Ahora tenemos que bregar es por llevar la gente otra vez pal monte Yo conozco mucha montaña buena pa la agricultura, porque con tanto trabajador ocupado aquí, quién se va a encargar de producir la comida?”-

Sorprendido en descampado por una persecución inmisericorde de fotógrafos, camarógrafos, periodistas de todos los medios del mundo entero, deslumbrado por los fogonazos de los luminotécnicos será ametrallado sin piedad por las preguntas de los reporteros, él, con quien era casi imposible hablar. Y ni siquiera la claque de asesores que le proporcione el Partido lo podrá absolver de las dificultades para sobrevivir a las emboscadas de los curiosos, ni a los cercos tendidos por las viudas inconsolables que anegarán la tierra pidiendo justicia. Tropas de asalto de los reinsertados le entregarán sus memoriales de ayer, hoy y siempre. Miles de hombres y mujeres le preguntarán por sus hijos que murieron en las emboscadas que se hicieron en su nombre, y así, entre las cenizas del tiempo se reencontrará con el fantasma de un pasado perdido entre los recovecos del desamor.

¿Cuántos exministros de Defensa saldrán a su reencuentro? Con cuántos reconstruirá el hilo roto de una amistad que jamás existió pese a la mutua admiración que mantuvieron y que el magma de la guerra convirtió en un odio sin límite?

-“Leí sus libros!”- comentará a los herederos de los generales Matallana, Landazabal y Carreño.

-“Fue la mejor forma que encontré pa poder sobrevivir en esa pelea que teníamos casada”-

-“De los libros que se han escrito sobre mi vida –confesará en privado a sus allegados- hay uno que me tiene preocupado. Lo leí en los originales que escribió un estudiante de la Universidad del Cauca. Creo que se titula “HUBO UNA VEZ UN COMANDANTE EN TRES ESQUINAS” y se refiere a lo que me sucedería a partir del momento en que saliera de la selva pa firmar la paz. Es un libro jodido.”-

Y al final del bullicio, por entre las hendijas de la soledad, cuando deje de ser noticia, hablará sin sonrojos de sus obsesiones por el miedo de las derrotas y de los fracasos, de sus dudas permanentes, de la incertidumbre que lo agobia siempre, de las angustias incontables y meses interminables de desesperación, haciendo cuentas de los muertos con que tiene que cargar desde hace medio siglo.

Será entonces cuando reafirme sin sonrojos que lo devuelvan a sus selvas:

-“Lo mío es el monte. Allá vuelvo pa ahora sí morirme un día de estos…aunque sea de muerte natural!”-

(Censurado por “OCCIDENTE” de Cali en nov. 17 de 1994)
miércoles, 1 de octubre de 2008 0 comentarios

Hubo una vez un comandante en "Tres esquinas" (Fragmento)

Y fue por aquellos días sórdidos, interminables, durante uno de los intentos por borrarlo de la contienda cuando el ejército bombardeó una serie de campamentos levantados a lo largo de la cadena montañosa en la vertiente oriental de la cordillera que enlazaba con las selvas profundas del Guaviare. Era uno más de los sempiternos ataques a los cuales era sometido por la fuerza aérea en cumplimiento del decálogo de represalias que ordenaban las multinacionales del petróleo, a las cuales de cuando en vez irritados milicianos de la guerrilla volaban tramos de los oleoductos por los cuales se desangraba incontenible la riqueza de las selvas orientales. En medio de la natural confusión que desató la intensidad y precisión con que eran bombardeados, una providencial tempestad cerró la visibilidad para los atacantes haciéndoles imposible terminar su trabajo. Solo entonces pudieron ser atendidos los heridos y sepultados quienes no alcanzaron a protegerse en los refugios antiaéreos. Para Villa era el indicio presentido, y ciertamente advertido de que en cuestión de horas estarían cercándolo tropas de asalto para terminar el trabajo que había iniciado la aviación. Así lo comunicó a algunos visitantes que pernoctaban en el campamento mientras discutían propuestas de paz a nombre de organizaciones nacionales e internacionales, antes de despedirlos e iniciar el traslado hacia otros refugios más seguros.

Aquel incidente, sin embargo, estuvo rodeado de una dramática e inusual circunstancia, ya que el hijo de una guerrillera recibió múltiples heridas y quemaduras en el cuerpo. El brazo izquierdo estaba fracturado en varias partes y en la espalda, las quemaduras le habían arrancado jirones de la piel salpicados de tierra y cenizas. Sebastián, sin ocultar la ira que apenas lograba disimular la frustración se acercó dispuesto a ayudar, mientras las voluntarias y el médico del campamento lo atendían. Al ingresar al improvisado cobertizo que hacía las veces de dispensario, transfigurado por una lividez indescifrable, con un estoicismo nacido desde las entrañas de la tierra que conmovió a todos, el niño le extendió la mano derecha, mirándolo como a un padre. El comandante sonrió para darle ánimo y con una sonrisa que le nacía muy dentro dobló el cuerpo para darle un beso en la frente antes de despedirse, pero el niño levantó su brazo derecho acariciándole la cara, en un acto ingenuo e inexplicable, que causó en Sebastián una oleada de ternura inefable y conmovedora.

La mirada diáfana y penetrante como el agua, hizo estragos en él, limpiándolo por dentro, colmándolo de un silencio incomparable que le llenaba el alma de un aire que desconocía por completo. Tomó la mano del niño para dejarla sobre su cuerpo ensangrentado y sucio, pero él se aferraba con la fuerza y ansiedad de un náufrago, acongojado, aturdido por la incertidumbre y por unos segundos sintió que un prodigio obraba en su interior. El, quien no creía posible que subsistiera fuego sobre su piel porque el amor se le había muerto, que no solo vivía blindándose contra las debilidades del espíritu sino que además le imponía a sus hombres una coraza de escepticismo frente a esos sentimientos famélicos, sintió como el amor que alguna vez perdurara en su corazón a medio tiempo, recobraba la esencia de la verdad en su ser. Una hora después, los anillos de seguridad alertaban sobre el desplazamiento de tropas que ascendían en su búsqueda y comprendió que no podría retrasar más el abandono del campamento. Pero algo más profundo que aún no lograba descifrar se había quebrado en él.

Ese doloroso cuadro lo perseguiría insomne, imperturbable como una sombra, implacable como una condena. Era como el heraldo del juicio que se cernía sobre una conciencia que permaneció escondida. Y era un mensajero que lo obligaba a abrir la puerta de su propio juicio donde tantos seres, cuya vida había segado, reclamaban por su derecho a vivir.

Al iniciar la marcha, un nuevo ser lo poseía. Los fantasmas de los muertos lo acompañaban en silencio, todos, sombríos e irredentos, como una creciente sombra errante y meditabunda, los que acababa de enterrar y los centenares que habían caído bajo el fuego de su metralla y de sus bombas. Los recuerdos se amontonaban en una imperturbable manifestación de dolor ininterrumpido, que solo menguaba cuando volvía la sensación de dulzura y bondad que le había provocado la mano del niño en su rostro. Más que una fuga, era un regreso. Era un insólito reencuentro con el hombre que había sido algún día en el pasado, con aquel niño triste que se paraba frente a la ventana de su casa en las montañas de Génova para ver llover, mientras soñaba con el día en que tuviera motivos para sonreír y jugar como los demás. Era volver a aquellos tiempos en que lo había tenido todo y la misma infernal violencia se lo había arrebatado. Era por toda aquella resaca que rezumaba su alma que sentía esa necesidad de olvido y por la que en las madrugadas, al ordenar la toma de un pueblo, sentía una escabrosa sensación de orgiástico alivio cuando destruía un cuartel de policía o acababa aniquilando hasta el último rescoldo de resistencia de quienes nunca conocerían el desierto que anidaba en su corazón.

Había olvidado cuántas veces había dicho que Dios no existía porque jamás lo sentía latir en su corazón. Y lo anecdótico lo convirtió en un dogma personal que trataba de inculcar en sus hombres como un credo que los blindara contra las veleidades religiosas de la infancia. Aunque sus propias irreverencias y contradicciones afloraban cuando condescendía en que lo detestable de las religiones eran las profundas injusticias que anidaban en el seno de las iglesias:

- “Uno de los primeros revolucionarios fue Jesucristo, quien tuvo la osadía de desconocer todos los mandatos de los sanedrines y conciliábulos de los judíos. Habló un lenguaje igualitario y social muy distinto al que hablan los pastores de la Iglesia, quienes no solo inventaron un concepto esotérico de Dios, sino que terminaron convirtiéndolo en soporte de reyes corrompidos, dictadores despiadados y sirviendo de sostén a las más repugnantes injusticias en veinte siglos. No puedo aceptar que exista un Dios al servicio de los ricos, únicamente. ¿Cómo podría creer en él? Dios no existe. Es un invento. Y además nunca he sentido que viva en mi corazón!”.

Sin embargo una música extraña comenzó a conducirlo, como el paso de una comparsa fascinante que halaba de él sin preguntar siquiera donde iba a llevarlo. Era un estado febril inusitado, una sosegada confusión de sentimientos insólitos, desconocidos, perturbadores, que asilaban en su mente como una constante e incontenible profanación de los dictados con que había vivido. Trataba de aferrarse a los postulados y a la fuerza dialéctica que diariamente compartía con los ideólogos de su entorno, pero simultáneamente una desconcertante confusión lo invadía, apabullándolo, desmadejándolo, haciéndolo presa de un inexplicable y doloroso complejo de culpa que jamás había aflorado en casi cuarenta años de luchas.

El recuerdo del niño acariciándole el rostro reaparecía como una visión seráfica, reviviendo todos sus viejos resquemores y prejuicios frente a las actitudes blandengues que resquebrajaban la dureza del mando, pero esos instantes desaparecían dando paso a las imágenes carbonizadas de las iglesias destruidas, el olor penetrante de los mutilados en combate, las humilladas súplicas de los ajusticiados por sus propias órdenes y el silencio impuesto a las guerrilleras obligadas a abortar. Se aisló en un intento por ocultar el desconcierto que lo invadía, pero la sensación asfixiante que poseía su espíritu se multiplicaba haciéndole intolerable la soledad. Quiso contrarrestar ésta profanación de su libre albedrío, embriagándose, decidido como estaba a recuperar el sentido común, pero ninguna de estas estratagemas era capaz de quitarle el estremecimiento provocado por el desfilar permanente de cadáveres, en una alucinación interminable, que ni siquiera era reproche sino dolor, agonía insufrible y culpa desconocida.
 
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