martes, 10 de junio de 2008

VENEZUELA: EL REGRESO DEL CAUDILLISMO

VENEZUELA: EL REGRESO DEL CAUDILLISMO






General Simón Bolívar
1.783-1830
Libertador y primer presidente constitucional de la República de Colombia que incluía los departamentos de Venezuela, Nueva Granada y Quito.


La brújula de la historia Venezolana pareciera obedecer más a las leyes físicas del péndulo, que al fragoroso parto de los grandes conflictos económicos y sociales. Venezuela padece desde los comienzos mismos de la república, una dolorosa patología de la verdad. La propia historia fue reescrita a jirones, deformada por las conveniencias y transmitida así a la posteridad para conjurar complejos de culpa e instintos megalomaníacos en el ejercicio del poder.


HISTORIA CAUDILLISTA

Basta releer la compilación de Vicente Lecuna de las cartas del héroe Caraqueño, sobre todo, durante aquel año sibarita e insólito de Bolívar en la Lima de 1827 frente a las actitudes soberbias, desleales y ultra regionalistas del General José Antonio Páez, quien afilaba el hacha que daría mortal golpe al sueño de la unidad suramericana de una Gran Colombia, cuyo aliento consumía todas las energías cósmicas del Libertador. He ahí la primera gran contradicción que padece Venezuela. El guardián llanero de aquella república, hizo de su pequeña ambición y de su inocultable rencor contra Santander, la tumba de la gran propuesta histórica del padre de nuestras patrias. Fueron Páez y sus áulicos quienes no solo renegaron de tal manera de las ideas de Bolívar, no les fue suficiente con despojarlo de la ciudadanía Venezolana o disolver la república que él nos había inventado, sino que llegaron hasta prohibir el traslado de los restos después de su muerte para ser enterrados en su patria natal, declararlo traidor, influir de manera sinuosa en Perú de Lacroix para que describiera en su Diario de Bucaramanga, más los rencores que sobrevivían en la Caracas de 1835, los cariños aparentes y las envidias reales que despertaban algunos héroes granadinos, a las sinceras preocupaciones que inflamaban al genio en 1828.

Indudablemente el cáncer de la envidia, la carcoma del provincialismo hipócrita del Santanderísmo mojigato, la hipócrita pestilencia de aquel tartufo de Torre Tagle y la aristocracia Limeña, sumados al repugnante oportunismo e incontenible ambición de Juan José Flores, mas los aullidos esteparios de la jauría militar que había derrotado a España, todos a una, minaron el carácter de hierro del Libertador y destruyeron el más grande propósito que ha brotado de nuestras tierras.…

Cuando empezó a crecer la gloria “como crecen las sombras cuando el sol declina”, en 1842, vinieron hasta Santa Marta y trasladaron los restos para iniciar un culto impenitente a su memoria y cada uno de quienes se sucedieron en el poder, se dedicaron a tratar de entender y aplicar sus ideas, llenas de fuego, originales y nuevas. Los mismos caudillos que habían hecho trizas su prestigio, después de muerto lo idolatraron. Quisieron imitarlo, y en el intento sembraron en Venezuela la semilla del estado fuerte, del autoritarismo montañero tan bien caracterizado por el General Páez quien gobierna como jefe civil y militar antes y después de creada la república, hasta 1835 primero, de 1839 a 1843 después y de 1861 a 1863 cuando vuelve a encargarse del mando, sumando cerca de 16 años. Y así, a lo largo del siglo XIX gobernaron a Venezuela militares recios como Antonio Guzmán Blanco, reelecto en 5 oportunidades, acaparando el poder por 17 años, el general José Ruperto Monagas electo y reelecto por 8 años, en fin, durante ese siglo en 90 años de gobiernos republicanos, apenas hubo 5 presidentes civiles que a duras penas completan 8 años de ejercicio del poder.


Cipriano Castro (1898-1908), Juan Vicente Gómez (1908-1927)


En el siglo XX Venezuela siguió de la mano de gobiernos militaristas, unos aviesamente estrafalarios y despóticos como los de los generales Cipriano Castro quien en 1899 regresara del exilio en Colombia y pasara el río Táchira al mando de su “Revolución restauradora liberal” y Juan Vicente Gómez, su lugarteniente y compadre (9) (unidos manejaron a su antojo el país por 35 años), quien no solo ayudó a su traslado a Francia para tratarse de sífilis sino que impidió su regreso al poder, el cual asumió de manera olímpica por cerca de tres décadas. Otros con cierto tinte conciliador y civilista a medias, como los de los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, quienes acumularon honores y poder hasta mediados del pasado siglo, cuando empieza a abrirse paso el espíritu democrático incubado en las entrañas de Venezuela, pese a lo cual aún sobrevivieron a varios golpes de estado uno de los cuales llevó a la presidir la Junta a Rómulo Betancur, el Teniente Coronel Román Delgado Chalbaud , el coronel Marcos Pérez Jiménez y el Contralmirante Wolgang Larrazabal quien despidió a su viejo amigo caído en desgracia, en 1958.




El CAMINO DE ESPINAS DE LA NUEVA DEMOCRACIA

Las libertades individuales son tan recientes, que la plena apertura a la creación de partidos políticos fuertes para ejercer el derecho a gobernar u oponerse, no ha alcanzado a consolidar instituciones democráticas estables y sólidas. Desde 1958 se eligen presidentes con una cada vez mayor participación popular: Con seguridad los papeles jugados por Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, los convierte en padres de esa nueva democracia Venezolana.


Rómulo Betancourt (1959-1964) , con las cicatrices que le dejaron las persecuciones de los gobiernos de “Mi Compadre” (1) Juan Vicente Gómez, López Contreras y Medina Angarita , funda Acción Democrática en 1.941 y preside la Junta Revolucionaria de Gobierno de 1.945 a 1.948, iniciando el recorrido del nuevo país, transformando sus costumbres, implementando una constitución participativa e incluyente que parecía destinada a consolidar los principios democráticos por largo tiempo puestos en jaque, ya que siguiendo la estela del Frente Nacional que inauguraban en Colombia (donde permaneció asilado por varios años) los partidos Liberal y Conservador, lideró el Pacto de Punto Fijo de octubre 31 de 1958, alineando sus fuerzas con las de URD (Unión Republicana Democrática) y COPEI. Pese a esta sólida coalición, los militares huérfanos del privilegio harían varios intentos de golpe para hacerse de nuevo con el poder.

Venezuela no debe olvidar el “Carupanazo” del 4 de mayo de 1962, el “Porteñazo” del 2 de junio del mismo año con saldo cercano al medio millar de muertos, más otras intentonas de cuartelazo, en lo que constituiría el Kinder del actual gobernante.



Raúl Leoni (1969-1974), al igual que muchos de sus antecesores del pasado siglo y varios de quienes le sucedieron en el mando, debió asilarse en Colombia ante la persecución de algunas de las dictaduras de turno. Perseguido y encarcelado en la dictadura de Gómez, alcanzó a graduarse de abogado en la Universidad Nacional de Colombia e hizo parte de la Logia Masónica local. Liberal de Izquierda, hizo un gobierno de concertación nacional con el cual consolidó la incipiente democracia Venezolana. Curiosamente, las grandes obras de Leoni, entre las cuales debería destacarse la creación del Pacto Andino nacido del Acuerdo de Cartagena, y el fuerte impulso para redimensionar el estado Bolívar y todo el oriente Venezolano, haciéndolo propicio para lo que sería la hidroeléctrica del Juri y la futura Siderúrgica del Orinoco (Sidor), el turismo internacional que llegaba a conocer el puente Simón Bolívar sobre el gran río Venezolano y Angostura cuna de la democracia Americana, en la “era Chávez” termina convirtiéndose en la zona de desastre para la inversión extranjera como veremos más adelante y abandona la integración andina para proponer un pacto político más orientado a la confrontación ideológica que a la integración y desarrollo de Suramérica. .



Rafael Caldera (1.969-1974) y (1.994-1.999) de clara orientación conservadora imbuida por los jesuitas, fundador del COPEI, en cuya representación sería elegido dos veces presidente, coincidió con la presidencia conservadora en Colombia de Misael Pastrana Borrero. Ambos convinieron en políticas que terminaron con las guerrillas de izquierda en Venezuela y contuvieron el impulso dado por la revolución Cubana, tanto a la local como a la colombiana. Ambos fueron electos democráticamente y recibieron el poder de partidos contrarios, inaugurando una verdadera era de tolerancia y alternativas, que permitían a la oposición tener acceso a cargos de control, al punto que legalizó al Partido Comunista Venezolano. Pese a resultados más bien congruos, en su segundo mandato apoyado por el mismo Partido Comunista y amplios sectores de Izquierda, intervino bancos y grupos económicos ante la mayor crisis financiera del estado Venezolano, incluyendo una similar intervención en el mercado de cambios al que se vive ahora. Con la diferencia que el Fondo Monetario Internacional le impuso la Agenda Venezuela (restricción del gasto público, devaluación del Bolívar, sobretasa a la gasolina, impuestos a la renta y patrimonio más fuertes, venta de activos, liberalización de las tasas de interés, privatización de empresas públicas, etc.) conjunto de medidas que se habían propuesto desde el 2º gobierno de Carlos Andrés Pérez para superar el “Efecto Venezuela”, la crónica enfermedad que padece el país cada vez que sobreviene la destorcida de los precios del crudo.

Venezuela nunca ha estado preparada para exigir grandes sacrificios económicos a sus ciudadanos, Siendo el Estado “todo hacedor”, decretar medidas de orden y disciplina fiscal jamás ha sido bien recibido, por lo que a los gobiernos de orden los sacude una sucesión de caudillos populistas: el Coronel Pérez Jiménez, contó con gran respaldo popular para asumir su dictadura entre 1952 y 1958. De la misma forma como el populismo de Chávez cautivó a las masas que no comprendían cómo, en el país más rico de Latinoamérica, se tenía que pagar impuestos.

Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1994)


Es doloroso reconocer que uno de los presidentes más populares de la historia de Venezuela terminó siendo recordado como uno de los más corruptos, por un juicio cuyo fallo conocido el 30.05.1996 lo condenó a prisión domiciliaria por un corto tiempo. Pero, ¿Le ha hecho justicia la historia, ahora, cuando su actual mandatario regala a manos llenas los inmensos recursos del petróleo, compromete al país en una vocación armamentista sin antecedentes de imprevisibles consecuencias y embarca a todos los venezolanos en un viaje sin retorno hacia la insondable confrontación con algunas de las potencias más poderosas de la tierra?
El Presidente Pérez se inauguró como populista en su primer gobierno en el cual absolvió la deuda de los agricultores, subsidió la importación, distribución y expendio de alimentos del país, de la misma manera como vio envuelto su gobierno en escándalos y manejos indebidos en la compra del barco “Sierra Nevada” o en la compra de terrenos para construcción de vivienda popular. Pero la bonanza daba para todo y la guerra del petróleo (la secuela de la guerra del Yom Kippur entre Israel, Egipto y Siria en octubre de 1.973) que desataron los países árabes contra las potencias industriales de Occidente que apoyan a Israel, incrementaron los ingresos de su periodo a niveles inimaginados superiores a 3.5 billones de dólares, con los cuales hubiera alcanzado para “sembrarlo de nuevo” como soñara alguna vez Uslar Pietri, transformando la dependencia alimenticia de Venezuela en una potencia productora (5). No de otra manera se explica su reelección posterior.
En su segundo mandato, se le vino encima la “destorcida” de los precios generando una incontenible inflación y las medidas restrictivas que hubo de tomar exigidas por el FMI y los prestamistas internacionales lo convirtieron en el primer candidato a sacrificar por las medidas neoliberales, al exigirle privatizar servicios, bancos, hoteles de turismo, en fin cuanta empresa había adquirido el estado en tiempos de abundancia. Aquellas medidas macroeconómicas que implicaron en primera instancia incremento en los precios de la gasolina, disminución o abolición de subsidios, etc. generaron manifestaciones populares, paros de transportadores y los primeros esbozos de golpe de estado en los impacientes cuarteles silenciados desde hacía tres décadas, que terminarían en los fallidos intentos (recuerden el “por ahora…”) del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992, con participación de la fuerza aérea.
Hoy, en tiempos de una nueva bonanza, cuando la orgía megalomaníaca de su actual caudillo lo lleva a: subsidiar la gasolina de los estadounidenses “pobres” de la Luisiana, intercambiar toneladas de petróleo por la atención en salud de médicos cubanos, comprometer la seguridad nacional alineándose con potencias nucleares emergentes y hostiles al continente como Irán y Corea del Norte, e invirtiendo el producto de la venta de un recurso natural no renovable en la compra de la deuda de otros países, los delitos imputados y castigados a Carlos Andrés Pérez alcanzan niveles francamente insignificantes.

Luís Herrera Campins (1979-1984), presidente llanero, jovial, con esa inmensa carga cultural que llevan dentro todos los dirigentes de esta dilatada región del país, no fue ajeno a la Lipotimia del petróleo. Ni a sus amargos sinsabores y espejismos. Venezuela olvida siempre los grandes bandazos de su economía, producidos por los vaivenes de su manejo económico y en el gobierno de Herrera Campins no hubo excepciones a esta ecuación. El 18 de febrero de 1983 conocido entonces como el “viernes negro” devaluó la moneda nacional, llevando el bolívar de 4.30 por dólar a 15 bolívares por dólar. Qué sucedió? La regla en Venezuela es siempre la misma: con cada bonanza de precios el gobierno de turno adquiere deudas hasta el máximo permisible. Cuando se produce la caída de los precios, el sucesor se ve obligado a contraer el mercado de capitales, incrementar las medidas restrictivas y someterse a los dictados del Fondo Monetario Internacional. La deuda ascendió a 25.000 millones de dólares y la moneda se devaluó en un 150%. ¡Y la paradoja convertida en norma fue que el Banco Central de uno de los países más ricos del mundo, Venezuela, se declaró insolvente!

,
Jaime Lusinchi (1.984-1.989).

Pese al esfuerzo inicial por devolver al país un poco de fe y ética en sus costumbres, una vez más las leyes inexorables del gasto suntuario y superlativo terminó haciendo estragos una vez más con la economía. El país recuperó tasas de crecimiento positivo luego de cerrarse 1984 con una recesión muy severa, del 6% del PIB, y el índice oficial de desempleo heredado de la Administración de Herrera, el 20%, disminuyó visiblemente. La deuda externa, sin embargo rondaba ya niveles por encima de los 38.000 millones de dólares, si bien las medidas restrictivas de la primera mitad del gobierno le devolvieron la credibilidad crediticia a Venezuela. En diciembre de 1986 el gobierno regresa a la tradicional indisciplina económica, devalúa la moneda en un 93% frente al dólar, incrementa desmesuradamente el gasto público, preparando el terreno para el mantenimiento en el poder de Acción Democrática.

Los resultados previsibles de devaluación, depreciación de la moneda, corrupción, inflación, acusación ante los tribunales y absolución política del congreso, una vez más siguieron abriendo grietas en los cimientos de la estabilidad democrática de la nación cuyo resquebrajamiento definitivo se vería en el gobierno adeco de su sucesor.

¿De qué habían servido las bonanzas petroleras de 1.973 y 1.981? ¿Cuál es el sino trágico que acompaña a éste pueblo, desde cuando a comienzos de 1.915 se encontraron los primeros yacimientos en Rubio, estado Táchira? Y cómo ésta poderosa arma de crecimiento y desarrollo se vuelve contra Venezuela por obra y gracia de una clase dirigente incapaz de convertir al país en la potencia económica más grande de Latinoamérica?


Carlos Andrés Pérez
(1.989-1.994)

El último período del presidente Pérez cierra un importante ciclo para la democracia representativa. El popular presidente de Acción Democrática, en cuyo primer gobierno se restablecieron las relaciones con Cuba (1.974) y Venezuela asumió un legítimo liderazgo internacional tras decretar la nacionalización del petróleo, crear a PDVSA, iniciar la más poderosa industria del hierro y petroquímica que llevaron al mundo a estigmatizar sus desbordadas inversiones con el nombre de Venezuela Saudita, casi al final del segundo quinquenio fue despojado del poder y terminó siendo condenado por malversación de fondos públicos invertidos en la seguridad de la presidenta de Nicaragua Violeta Chamorro (7).

Una vez más, las leyes inexorables de la economía y los despilfarros derivados de su primer quinquenio, prorrogados en los gobiernos de Herrera Campins y Lusinchi, dieron al traste con la estabilidad del gobierno. Ahora, con una abultada deuda externa vuelven las medidas de choque: eliminación del control de precios, privatización de empresas en manos del gobierno (CANTV), congelación de nóminas y salarios, incremento en los precios de la gasolina y de los servicios públicos, abolición de subsidios, en fin un apretado recorte del gasto público en una nación acostumbrada a tributar muy poco y recibirlo todo de los gobiernos de turno. El costo de éstas medidas fueron más de 300 muertos en los disturbios del famoso “Caracaso”. Estos mismos eventos proyectarían la conformación de grupos inconformes en las Fuerzas Armadas que llevaron a un intento de golpe el 4 de febrero de 1.992 y otro mucho más sangriento el 27 de noviembre. Es cuando emerge la última trampa populista, caudillista y autoritaria: Hugo Chávez Frías (8)

¿EL PODER PARA QUE? ¿CONSTITUYE CHAVEZ UNA ALTERNATIVA SERIA PARA AMERICA LATINA?

CORONEL HUGO CHAVEZ FRIAS (1.999- ?)
De Barinas a Miraflores, podría ser el título ambivalente de una epopeya o de una tragicomedia en cuanto tiene que ver con la vida y obra de Hugo Chávez. Fruto de una pobreza innegable, hijo de un par de maestros de escuela rural en el distrito de Sabaneta, estado Barinas y educado en una estrechez sin límites hasta su llegada a la academia militar donde inicia su formación militar bajo la marcada influencia de los acontecimientos que conmovieron la década de los sesenta y setenta. Los delirios de Fidel y los indudables logros de la primera parte de la revolución Cubana, la muerte del Ché en Bolivia, la caída de Allende en Chile, el nacimiento de los movimientos revolucionarios en América Latina, Montoneros en Argentina, Tupamaros en Uruguay, Sendero Luminoso en Perú, FARC y Elenos en Colombia, insurgencia en Centroamérica así como irrupción de gobiernos nacionalistas de izquierda como los del general Juan Velasco Alvarado del Perú y el coronel Omar Torrijos en Panamá, no solamente influyeron sino que desencadenaron una imparable carrera hacia el poder de un hombre decidido a reconstruir la gesta Bolivariana con juramento simbólico en el samán de Güere , intento de golpe y arengas ecuménicas desde la cárcel (11), premonitorias de que lo suyo no era sueño sino el producto de una convicción más profunda y permanente que sobreviviría con el tiempo. Años después y alcanzado el propósito de hacerse con el gobierno, los que juramentaron al lado de Chávez como sus compañeros de academia, Raúl Baduel y Jesús Urdaneta, se preguntan qué pasó con Chávez y el ejercicio del poder. Y al igual que los más brillantes analistas de la actualidad Venezolana se responden que lo único que se ha conseguido es sembrar una montaña de incertidumbres y nadar en un mar de equivocaciones. Veamos algunas de ellas.

VICTIMA DE LAS TRAMPAS DEL PETROLEO.

En éstos cincuenta años de democracia, el país ha padecido más que disfrutado las profundas contradicciones generadas por los vaivenes del petróleo. Contrario al concepto colectivo de que tal riqueza contribuiría a construir una sociedad igualitaria e incluyente, Venezuela ha sido víctima del despilfarro, la manipulación de las multinacionales y la corrupción disfrazada de tecnicismos intocables de sus dirigentes. Basta recordar que antes de la primera gran bonanza iniciada a partir del 7 de octubre de 1973 durante la guerra Árabe-Israelí el país debía 35.000 millones de dólares, exportando 2.200.000 barriles diarios de crudo a 2 dólares con 10 centavos el barril. Seis años después, exportando 3.800.000 barriles diarios a 36 dólares el barril, su deuda ascendía a 105.000 millones de dólares. Y la desigualdad era más profunda que nunca. Las obras faraónicas desbordaron toda cordura posible. En tales condiciones, cuando se produce la “destorcida” de los precios del petróleo llegando hasta 16 dólares el barril, comienzan los apretones del FMI, los prestamistas internacionales a exigir el retorno de sus capitales, el recorte de los subsidios, el término a los privilegios, la gobernabilidad se viene abajo y la democracia vuelve a manos del caudillismo autoritario de pasados años. Venezuela repite cíclicamente el abecedario de su permanente idilio con la jerarquía cuartelaria institucionalizada: pero eso sí, tiene presidente elegido desde 1.999 y reelegido hasta el año 2.013.

La suerte de Venezuela es la de un náufrago que se ahoga en un mar de petróleo, que para mal o para bien ha moldeado al país a imagen y semejanza de sus valores oscilantes. En la década Chavista el petróleo ha ascendido de precios de manera ininterrumpida desde 16.50 dólares el barril a mediados de 1.999 hasta las escalofriantes cifras de hoy (mayo de 2008) 140 dólares el barril. Los ingresos fiscales se han incrementado pues en un 400%. Eso ha convertido al país en un manicomio de inversiones al mejor postor: bonos de desarrollo en Ecuador, compra de deuda pública en Argentina, donaciones a destajo en Nicaragua, Bolivia y Cuba, “nacionalización” de empresas ganaderas, agroindustriales, mineras, siderúrgicas, creación de sociedades de toda índole y contratación de obras cada vez más desbordadas, modernización de refinerías en Cuba, conversión de PDVSA en empresa de mercadeo de alimentos para manejar la incapacidad del Estado en reactivar su propia agricultura y construir una nación autosuficiente y capaz de abastecerse a sí misma. El desabastecimiento ha llevado paulatinamente al estado a convertirse en un tapa huecos de la hambruna nacional. Y a consecuencia del nacimiento de un nuevo sistema colectivizado de la propiedad, la improvisación ha demandado gigantescas inversiones no exentas de crecientes niveles de corrupción, al igual que en el proceso de transformación de la salud y la educación pública.

El resultado visible de toda esa loca carrera de incontenible gasto público, es la más acelerada carrera inflacionaria de Venezuela. Y como siempre ocurre cuando aparecen estas erupciones volcánicas de riqueza no trabajada, producto de la venta de un bien natural no renovable, algunos venezolanos sensatos recuerdan a Arturo Uslar Pietri el gran escritor y ensayista cuando advertía en 1936:

"Si hubiéramos de proponer una divisa para nuestra política económica… la necesidad de invertir la riqueza producida por el sistema destructivo de la mina… en sembrar el petróleo"

como lo recordaba recientemente Per Kurovsky.

¿Será cierto todo cuanto asegura la propaganda del gobierno? Si el ingreso per cápita de los Venezolanos para el año 2006 era de 6.070 dólares, cómo se explica ese inocultable rezago en la vivienda en sectores tradicionalmente frágiles como Petare y Catia? La pérdida del poder adquisitivo del Bolívar que llevó al gobierno a disimularlo con la impresión del llamado Bolívar fuerte, no logró disimular la dependencia alimenticia, la reducción dramática en la producción agrícola y el deterioro a niveles increíbles del hato ganadero y lechero nacional. Genera estupor y rabia ver como uno de los países con praderas y tierras más fértiles del mundo, deba comprarle carne al más pobre de Centroamérica como es Nicaragua. La pregunta es, ¿cuánto le cuesta al pueblo Venezolano los programas de ayuda alimentaria que Chávez entrega a Cuba, Nicaragua, Bolivia y cuantos más quieren subirse al bus de su proyecto político?.

Hoy, todos los economistas y pensadores de izquierda y derecha, claman porque el enredo Chavista no lleve a Venezuela a cometer los mismos errores del pasado reciente, enfrentándose con el sector productivo de su economía, porque:

“no va a poder generar los bienes y servicios que necesarios para que tengamos comida”

como lo han expresado con preocupación el exjefe de Investigaciones económicas del Banco Central de Venezuela., José Guerra, alertando sobre el progresivo decrecimiento del PIB. que fuera del 10% en el primer trimestre de 2006, del 8% en el 2007 y apenas del 4.8% en el 2008.

Este mismo calificado analista insiste que el mayor golpe que desatan los ríos de dólares que riega el gobierno, están minando cada vez más las clases medias y pobres del país, pues la inflación en el sector de los alimentos que fue del 15% en el 2006, pasó al 30% en el 2007 y entre enero y marzo del 2008 ya pasó del 40%. Así que al decrecimiento del sector privado cuyo PIB esta disminuyendo a tasas más aceleradas que las del propio conjunto total de la economía, con una inflación desbordada, Venezuela con los ingresos más altos de la historia, paradójicamente, estaría llevando su economía a entrar en recesión (6).

Con profundas convicciones Dick Parker (1) colocaba en tela de juicio el papel del presidente Hugo Chávez como alternativa contra el Neoliberalismo. En un serio estudio publicado en la Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, a mediados de 2003 registraba como, la palanca mas poderosa de la dialéctica electoral de Chávez en sus recientes campañas y principalmente la de 1998 fueron sus incesantes ataques al “Capitalismo Salvaje”.

Sin embargo juiciosos analistas de la política Venezolana coinciden desde 2002 que las medidas económicas del régimen, lejos de responder a su retórica antineoliberal, resuman todo lo contrario (Ob.cit. PG.83). Luís Gómez y Nelly Arenas (2001) escriben que

“en Venezuela no estamos aún ciertos de qué se trata el fenómeno Chavista y mucho menos en qué desembocará. Recoge mucho, es cierto, de los populismos clásicos pero no termina de cuajar una practica que permita emparentarlo cómodamente con los neopopulismos de la región (estilo Fujimori y Menem)” (2)

Parker percibe al neoliberalismo caracterizado por medidas orientadas a corregir el déficit fiscal, la inflación desbocada, la ineficiencia de un aparato estatal hipertrofiado, el clientelismo político que devora las empresas públicas, y dirigidas a hacer productivos estos entes de la mano de la empresa privada terminó entregando las empresas de servicios públicos, la educación y la salud en manos de la globalización, es decir las inversiones de capital extranjero se enfilaron a la adquisición de éstas empresas que protegían al usuario latinoamericano y terminaron imponiendo políticas laborales, de seguridad social y hasta sistemas pensionales orientadas a la especulación.
Por todo ello considera que Venezuela no ha sido inmune a estos intereses. Aunque el país interesa al capitalismo mundial más como productor de petróleo que como destino final de inversiones de otra índole, PDVSA, manejada por ejecutivos heredados de las multinacionales Mobil, Exxon y Chevron, la convirtieron en un estado dentro del estado, y las inversiones hechas en el exterior como la compra de refinerías en la costa del este de los USA (CITGO) terminaron vendiendo derivados del petróleo a los precios más bajos del mercado, es decir, subsidiándolos para los norteamericanos! La ironía más grande es que veinte años después de transcurridos estos sainetes, sea el mismo Chávez quien ordena por un simple decreto, gasolina subsidiada a la gentes de Louisiana afectada por el huracán Katrina, para fortalecer su imagen ante el pueblo norteamericano.. Por todo ello los ingresos fiscales del petróleo han disminuido cíclicamente así:
Periodo % de aporte fiscal petrolero
1.989 - 1.993 65%
1.994 – 1.998 49%
1.999 -2.001 47%

Causa hilaridad, que durante la “bonanza” de 1973-1978 los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Herrera Campins obtenían el 88% de los ingresos fiscales del país provenientes de las exportaciones de petróleo. ¿Cómo explicar esta progresiva disminución de tales aportes sino a través de una muy bien diseñada paraestructura evasionista de los administradores de la riqueza petrolera desde PDVSA?
El analista citado concluye que, cuando llega Chávez con su AAB (Agenda Alternativa Bolivariana) comenzó por reingresar a Venezuela a la OPEP para empezar a tomar distancia de la AIE manejada por los USA. En el 2001 la Ley de Hidrocarburos estableció la obligatoriedad de mantener más del 50% en manos del estado cualquier inversión en éste sector estratégico, pese a lo cual mantuvo la asociación con inversionistas extranjeros preferencialmente frente a sus enemigos capitalistas nacionales agrupados en Fedecámaras. De igual manera inversionistas españoles y brasileros se tomaron el sector bancario y de comunicaciones. En otras palabras, la burguesía nacional como hace cincuenta años la cubana, ha comenzado a desplazarse a la Florida donde es visible el crecimiento de la “Pequeña Caracas” al sur de Miami.
“La inseguridad inversionista nacional provocó una intermitente “fuga” de capitales nacionales que entre 1999 y 2001 fue de 26.200 millones de dólares a consecuencia de la falta de confianza en el gobierno nacional, pese a que en la AAB se establece que el gobierno busca fomentar la actividad empresarial local. Se propone estimular el desarrollo competitivo de sectores específicos, seleccionándolos sobre la base de criterios estratégicos, cadenas productivas integradas y parques industriales en función de la sustitución de importaciones y la promoción de exportaciones en el mediano y largo plazo, pero éstas propuestas son borradas según los niveles de paranoia con que amanezca el Coronel. Se cuentan por centenares las empresas Venezolanas medianas y de mayor nivel que se han trasladado a Colombia o a los Estados Unidos”.

El presidente de Venezuela ejerce un poder casi ilimitado. Entre otros, de cuantos le concede el artículo 236 de la actual constitución, el primer mandatario puede:

Nombrar y remover libremente al Vicepresidente y a los Ministros
Promover, a los Oficiales a partir del grado de Coronel o capitán de navío.
Designar, con ratificación de la Asamblea Nacional, al Procurador General de la República.
Disolver la Asamblea Nacional en los casos previstos en la Constitución
Administrar la Hacienda Pública Nacional.

En ejercicio de esta última función, el presidente Chávez ha hecho uso de tales prerrogativas para, consolidar la incondicionalidad de las fuerzas militares y volver añicos la opinión adversa expresada en el plebiscito del pasado año por el pueblo contra su proyecto de sociedad socialista del siglo XXI: expropia haciendas, fábricas, servicios, en una desenfrenada carrera contra el tiempo, con la esperanza de que la construcción de su partido socialista venezolano PSUV se consolide y aguante la arremetida de la oposición en las próximas elecciones. Hoy, con el barril de crudo a 150 dólares y exportando más de 6.400.000 barriles diarios, el manejo discrecional de unos recursos exorbitantes lo hacen sentirse invencible. Pero, por si algo faltara, exacerbar el nacionalismo de un pueblo con claros antecedentes de patriotismo arraigado, amedrentándolo, azuzándolo con el fantasma de una guerra por la que se está dispuesto a pagar cualquier precio, lo convierte en un psicópata megalomaníaco impredecible.

Nadie en Latinoamérica está en desacuerdo con la nacionalización de las inversiones petroleras de la Faja del Orinoco, ya que esto constituye un acto de soberanía dentro de la democracia, explicable. Utilizar estos actos de nacionalismo legítimo y empañarlos con un irreal, desmesurado y lunático “expansionismo” colombiano de ninguna manera puede hacer sustentable el oculto propósito propio de crecer al lado de la oposición armada que hacen las FARC a un gobierno igualmente legítimo. Ese es el problema del presidente Chávez.


¿Cuánto cuesta al pueblo Venezolano la compra del liderazgo promovido por su actual presidente? ¿Cuántos millones de dólares el populismo tercermundista antinorteamericano y pro castrista del coronel Hugo Chávez, quien subsidia la energía consumida por Cuba, financia y absorbe la deuda externa Argentina, Ecuatoriana, Nicaragüense, Boliviana y hasta de algunas islas del Caribe?

La guerra mediática, la guerra asimétrica que libra a diario a través de cualquier medio de difusión han convertido al presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías en el personaje favorito de centenares de editorialistas de periódicos del mundo. Reportajes, noticias, editorialistas, analistas del orbe entero lo convirtieron en el personaje más buscado, comentado y discutido.

Igual que Hitler, Mussolini, Castro, Gadafi o Idi Amín en su momento, en él lo insólito se vuelve normal, lo descabellado termina convertido en anécdota. Todos ellos víctimas de un afán superlativo de figuración, terminan dedicados a alimentar el mito que construyen de sí mismos.

Hugo Chávez todo el tiempo está hablando para la galería y ésta manipulación de los medios la ha convertido en su arma favorita para obtener réditos electorales. Cuando medio Latinoamérica se preparaba para la reclamación Venezolana de la Guayana Esequiba, en la cual el choque sería entre la región y una potencia extracontinental en una especie de reedición del fenómeno de las Malvinas,, el presidente se inventa intervenciones en Colombia, en Bolivia, en Ecuador o de pronto en una alocución presidencial por radio y televisión le envía un mensaje a su exesposa, con cierta carga de codificada presentación para psicoanalista: “espérame, que ya te llevo lo tuyo!”, o en plena sesión de las Naciones Unidas, refiriéndose al presidente de los Estados Unidos no le importa hacer el ridículo y vocifera: ”¡ Aquí estuvo el diablo! Aún huele a azufre!”. Son actos que rozan los límites de la esquizofrenia paranoica.

Nicolas Kozlov (“Hugo Chávez: oil, politics and the challenge of the United States”), Richard Gott (“Hugo Chávez and the Bolivarian Revolution”), Bart Jones (“¡Hugo!: The Hugo Chávez story from mud hut to perpetual revolution”), Fidel Castro (“Venezuela y Chávez”), Steve Elner (“Venezuelan politics in the Chávez era: class, polarization and conflict”), son apenas una muestra de los ríos de tinta que se han vertido sobre los discursos de Hugo Chávez y sus permanentes desplantes a presidentes e imperios. Ser motivo de tantos análisis, le reduplica su capacidad de generar asombro y mantiene al mundo al borde de su irresponsable y permanente contradicción entre iniciar una guerra o terminar diciendo que se trata de una broma.

A su vez, las intervenciones publicadas en libros que se obsequian en todo el mundo:”Hugo Chávez Frías, un hombre, un pueblo”, “El destino superior de los pueblos latinoamericanos y el gran salto adelante”, “El golpe fascista contra Venezuela”, son el combustible que hacen incurable el ego de un ser inacabado de formar, inestable y temperamental.


Jorge Olavarría, reconocido abogado, exembajador en Londres, autor de más de 16 libros, exdiputado, excandidato presidencial por Causa R, director de la revista Resumen y quizá uno de los más profundos estudiosos de la realidad Venezolana del último medio siglo, reconocía en uno de sus premonitorios editoriales hace cerca de 28 años, comentando sobre la patológica fascinación con que el país se recogía cada noche para disfrutar la telenovela de Cabrujas sobre Juan Vicente “Gómez”, que “Venezuela siente nostalgia de la mano fuerte” (4).

No satisfecho con haber tenido el coraje de denunciar en su profético discurso en el Congreso el 5 de julio de 1999 lo que sobrevendría para el país con la politización y partidización del ejército, la 15ª Constitución Nacional propuesta por Hugo Chávez y los peligros que se cernían sobre el país en manos del populismo de izquierda que éste representaba, Olavarria denunció con un valor inusual toda la corrupción en que se ha visto mezclado el gobierno, el despojo premeditado de los bienes de muchos ciudadanos por capricho presidencial, la violación intermitente de la Constitución y las leyes por virtud de ser ordenadas por el jefe del estado, denunció los peligrosos vericuetos del concepto de seguridad nacional popular integral, la caricaturización de la dignidad nacional de que hace permanente gala Chávez y ese legado lo dejó para la posteridad que estamos descubriendo.





BIBLIOGRAFIA:

1).- González, Fernando, MI COMPADRE, editorial Bedout, 1967

1. 1- Parker, Dick Representa Chávez una alternativa al neoliberalismo?” (Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales 2003. Vol. 9 No 3 pgs. 83-110 artículo escrito por Dick Parker.)
(2).- ¿Modernización autoritaria o actualización del populismo? Cuestiones Políticas No 26, Maracaibo, pags. 85-126).
(3).- Olavarria Jorge, Historia Viva 2002-2003 La rebelión civil, el referéndum revocatorio. Alfadil 2003.
(4).- Olavarria Jorge, editorial revista Resumen, septiembre de 1980.
(5).- Michael T. Klare: "La nueva geopolítica de la energía" en Colombia.Indimedya.org [en línea]. 11 mayo 2008. Págs.: 12 pantallas. -
(6).- Enfrenta economía venezolana fase difícil, El Financiero en línea, 31.05.2008
(7).- El Mundo, El expresidente Pérez hospitalizado por un accidente cardiovascular, Consultado el 2007-12-30
(8).- Ramírez Farias Carlos, De Rómulo Betancourt a Carlos Andrés Pérez, El Cid Editor, 1978.
(9).- Silva Luongo Juan José, “De Cipriano Castro a Carlos Andrés Pérez 1899-1979, Fundación Luis Jesús Silva, 2.000
(10).- Ramírez Faria Carlos, “La democracia petrolera: De Rómulo Betancourt a Carlos Andrés Pérez - 1978 -
(11) Lengwell Emil, “De la cárcel al poder”, editorial Bruguera, 1972

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