viernes, 2 de mayo de 2008

SOY EL ÚLTIMO NEGRO QUE QUEDA EN EL SENADO


Guiado por la luz de su buena estrella negra, Sofonías Vidal abandonó la sombra de los últimos guamos y carboneros que sobreviven en las márgenes del río Güengüé, cerca de la hacienda Méjico en su nativo Puerto Tejada, para intentar sobrenadar en ese mar enloquecido de neblina, intrigas y “locura demencial” en que se ha convertido la capital de Colombia.

A diario, la pequeña saeta negra que envuelve su cuerpo delgado de asceta africano parece pender de un hilo invisible guiado por manos misteriosas, mientras zigzaguea con su vieja cámara Cannon registrando los instantes insólitos, los segundos fugaces, aquel mágico momento que solo será incambiable años después, cuando el tiempo se convierte en un insobornable juez.

Sofonías Vidal, con su cráneo dolicocéfalo de Yoruba Ghanés, brillante, de canas ensortijadas, ha exorcizado con su cultura milenaria los salones vaporosos a incensario electoral y la cochambre hostil que resuma la burocracia intocable. Hoy hace parte de la tropilla audaz de testigos de excepción que viven paso a paso el pródromo de las leyes, el fragoroso combate que se libra en su interregno y el parto feliz dos o más años después.

-“Hace dos años recibí la muestra más grande que se le pueda dar a un funcionario público. El Director Administrativo de entonces, el doctor Domingo Cárdenas me declaró insubsistente. Yo sin embargo, seguí trabajando y hablando con mis amigos: Luis Guillermo Giraldo, Alberto Santofimio, Maria Estela Sanín, Roberto Gerlein y tantos otros…me había llegado un cobro judicial de Colmena porque llevaba cuatro meses de atraso en mis cuotas, los mismos que tenía por fuera de la nómina…cuando en plena discusión de la Ley de Presupuesto Nacional se lee una proposición presentada por el Senador Giraldo solicitando se me reintegrara en el cargo. ¡Fue aprobada por unanimidad! Y curiosamente no solo se cumplió ese mandato, sino que dos semanas después era declarado insubsistente el Director Administrativo –cuenta, con los ojillos vivaces de satisfacción-.

-“Pero lo increíble no termina allí” –agrega con franqueza- “A la media hora se me acerca el doctor Pedro Pumarejo, secretario General del Senado con un sobre y $870.000 que los Senadores habían recogido, cuando se enteraron por las que estaba pasando. ¡Carajo. Ahí es cuando uno no sabe qué hacer con la amistad en lo que le queda de vida!”-

Sin embargo, Sofonías no olvida aquellos lejanos días de su infancia en la escuelita de maestro Domingo Lasso cuando correteaba con ,os amigos hasta las orillas del río Palo para ver el desfile final del vapor “Caldas” con el que no solo se iban los sueños del futuro sino que se iniciaba la interminable travesía del desierto para los negros del norte del Cauca, el progresivo deterioro de su condición humana, la pérdida de su identidad cultural, la diáspora incontenible por todos los recovecos de las selvas colombianas.

-“En razón de mi trabajo, viajo con frecuencia por todo el territorio nacional. He visto toda nuestra gente regada por toda Colombia”- recuerda, mientras hace cuentas del archivo fotográfico que ha logrado acumular en cuarenta años de ejercicio profesional y como reportero de “OCCIDENTE” donde se inició, “EL PAIS” y otros medios nacionales.

-“El país ha dado un vuelco tremendo desde que pasó ese “ciclón” del Presidente Gaviria (César) –observa reflexivamente- pero sin desconocer la figura sobresaliente de la Senadora Piedad Córdoba, en verdad, ¡Soy el último negro que queda en el Senado ¡!”-






Por todo ello, Sofonías guarda memoria fiel de las horas sin transcurso en las sesiones permanentes, registra el gesto adusto, el ceño fruncido, la mueca trágica, la sonrisa complaciente de Representante, Senadores, Ministros y hasta Presidentes. Ha almorzado en el Hilton, cenado en el Club de Ejecutivos y participado en desayunos de trabajo en el Tequendama. Se saluda cordialmente con Horacio Serpa, o Tito Rueda Guarín o disfruta de las notas de buen humor de Juan Guillermo Ángel. Conoce a plenitud de las rabietas de Maria Izquierdo, la elegancia “y muy gente” actitud de Claudia Blum, el corte clásico y la oratoria centenaria de Roberto Gerlein Echeverría, el humor inteligente – pese a su fama de malgeniado- de Víctor Renán Barco, el respeto no exento de ironía conque hoy se escucha a Santofimio Botero, la seriedad incambiable de Fuad Char, en fin, a cada quien lo ha visto ascender trabajosamente los peldaños de la fama y descender las gradas del Capitolio, para no regresar sino por los rescoldos del pasado y la liquidación.

Hubo un instante indefinible en que guardó silencio. Hubo en su rostro un aire lejano que le trajo recuerdos degradantes de pasados tiempos. Fue cuando lo interrogué sobre las actitudes que han asumido con él los parlamentarios Caucanos, excepción hecha de Humberto Peláez Gutiérrez, quien hizo posible su nombramiento como fotógrafo de la Oficina de Prensa del Senado!


(“Publicado en “OCCIDENTE”)

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